Al Cantar el gallo

 

 

Por la noche somos muertos

quemados por las estrellas

y por el día somos restos

de sueños

arrojados a las escombreras

 

Veleros de mástiles tuertos

que fondean en desiertos

oceánicos donde los ecos

mecánicos de los huesos

mueven los duros remos

con titánicos esfuerzos.

 

Extintos cometas fugaces

apagados por negras nubes

almas levantadas al gallo

para morir en las cumbres

donde sueños de extraños

son cadenas de herrumbres,

que sepultando los años,

de sombras quiebran,

nuestras luces.

 

 

 

Ort.

S·P·V·R

14622446-2

 

 

El senado

y el pueblo

de la Villa

del Robledo

 

Lunar en mi cuerpo

lumbre al raso,

contradicción de mis anhelos.

Valen más los pucheros

de pastores, los cielos,

los atardeceres en colores

con nubes que rozan los versos,

que las espinas clavadas

de las ortigas que crecen

en aquellas ventanas

abiertas sin sueños.

Que los cardos aquí son reyes

y las rosas

vinieron de los infiernos.

 

Que hay mariposas

con alas de muertos

que yo veo

rondando en la memoria,

tatuadas en las calles,

en las casas, donde vivieron;

y pesadillas

como un angustioso fuego

que queman al cantarte

por hombres del pasado

que en el presente vivieron,

haciendo cenizas

el corazón de las semillas

que plantaron con sangre

sudor y muerte

los antiguos jardineros.

 

Nuestros abuelos,

en lucha siempre

contra molinos

que muelen dinero.

 

Y aun así,

Y qué,

yo lucho,

yo me quedo

con lo que quiero,

lo que amo,

con lo que deseo.

 

Y quiero que seas libre!

Libre como un callado,

Sostenido por un ciego.

 

 

 

Ort 2016

Un observatorio abandonado

 

 

Allí, un observatorio abandonado

en la cima de la montaña más alta

con su cúpula girada por el olvido,

veleta quieta del sueño perdido

del hombre que dejó de mirar

a los cielos agujereados y ardientes

para arrastrarse perdido

ante la amargura de su suerte.

 

En ese espacio de ladrillos hundidos

en el suelo en deshojados remolinos,

fantasmas astronómicos abatidos

la triste música del eco silban

al viento como ángeles caídos

un llanto de abandono miserable

por sus rincones sin vida, vacíos

como esqueléticos ladridos

de lobos de boca quieta y seca

proyectada al infinito,

sobre el rumor de la nada

mientras pasa la luna blanca

sin nadie que la mire

sin nadie que le escriba,

porque ya nadie le canta.

Ella pasa,

rozando la cúpula abierta y ajada

de la burbuja de hierro

corrompida por la lluvia y el frio

ahora invernadero de las plantas

que hacia su herida escalan

buscando la luz

que a la humanidad le falta,

sin nadie que la advierta,

solamente los grillos,

los caminos de astros

y las luciérnagas.

 

¿Dónde está la quimera

que alimentó la voz

del saber y su esperanza?

Donde los ojos del hombre…

Aquí solo retumba un eco,

un eco,

su voz, lejos,

se ha perdido,

presa de las cadenas

impuestas a sus pupilas

que han de doblar las rodillas

al destino ingrato

del ser esclavo de sus huellas,

aquí, en la tierra,

siendo hijas

de las estrellas.

 

Duerme el observatorio

en una pesadilla de silencio

con sus telescópicos nidos

entre el rojizo metal roído

mirando al firmamento

en su sepulcro de olvido.

 

 

Ort  2017.

La Manzana

 

 

 

Carece la noche malva de manzanas.

el verde se ha tornado negro

y el negro asesinó a las hadas

 

el bosque, eternamente dorado, guarda

sobre un otoño de hojas secas,

cenizas, de una luna en calma

 

y la arena del reloj de la ventana

que no es futuro si no plata

se derrama a los pies del alma

 

se pierde en la penumbra verde,

recogiendo la luz blanca.

 

ahogada en la furia triste

y desnuda la rama amarga,

 

ha entregado su fruto al sol,

su enferma manzana, al alba.

 

Ort 2010

Cinco poemas del libro Torres de La Mancha

               Que me escuchen

 

Que se apaguen los clarines

¡Que me escuchen!

Vientos, aires, flores.

¡Que me escuchen labradores!

Cielos claros como manantiales,

que tiñan de rojo amaneceres

¡Y como el mar pinta barquitos

en los ojos, cuelguen claveles!

 

Los jardines de las nubes

¡Que me escuchen!

y florezcan de violetas

¡Que me giren las veletas!

Guiándome de oriente hasta occidente

¡Que ya viene a segarte

el dios de poniente, cargando

en sus hombros, la bóveda celeste!

 

Pueblo llano y claro, ábrete.

¡Escucha mi corazón clamar!

Desde las montañas a los valles

¡Escucha a mi alma llamarte!

Que ya vienen los hombres

a robar tu aliento adolescente.

Las flores que derraman los amores

vienen a llevarse, ¡Tu corazón caliente!

 

Que ya vienen, que ya se sienten

¡Escúchalos juntos gritar!

Al son del cielo que sale y se esconde,

¡Al son del mar hecho cielo, que se rompe!

Y sobre tus pies augusto se muere

escúchalos llorar, reír, esperar…

Escúchanos juntos al alba soñar,

y míranos pacientes, caminar y caminar…

 

 

 

               El árbol y la Noche

 

Llora, la noche llora,

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas,

en los labios del alba.

 

La luna de nata clava,

envuelta en nebulosas

negras alas celestes,

a las altas esferas blancas.

Aguijoneada carne el cielo,

de luto y luz por los astros

viejos de las colmenas.

Partida y melancólica

el alma de la tierra;

por el árbol que se muere.

Por las hojas que le lloran.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

en sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Un árbol solitario

derrama soñando

otoñales bostezos

y en su vigilia los lamentos

se esparcen silenciosos, 

quietos.

Plata en sus sueños,

y en sus ramas veleros

navegando morenos,

de sus manos al cielo.

Oro en sus ramas, oro.

Las hojas ya cantan

disfrazando a los luceros.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

En sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Llora, la noche llora

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas

en los labios del alba

 

 

 

              Tierra en primavera

 

Cuando te vea, vestida de verde

mi piano levemente mecerá

a la marea de la tarde clara,

mecerá las estepas,

y su alma en aras.

y nacerá todo cuanto la tierra emana.

 

Cuando te canses de los yugos

y vuelvas a bailar la noche entera,

cuando la luna sea el sol

y con él, tu sonrisa las estrellas.

 

¡Sí! ¡Cuando brillen las estrellas,

y me eleves contigo a ellas!

Que ya volverás a ser morena

en otoño, entre las eras.

 

Cuando vuelvan los amigos

y renazcan los amores.

¡Cuando resurja el pueblo vivo,

de la Mancha, de los labradores!

 

 

 

               Torres de La Mancha

 

Tres torres soñolientas

alzadas sobre el horizonte,

señoras de un castillo

que contemplan la eternidad.

Observando mil soles

que desbordan los amaneceres,

llorando

junto a un millón de corazones,

que por su Mancha caminan,

que por tu Mancha sueñan.

 

Tres Torres,

como tres caballos desbocados

blancos como la luna

que a la noche sus tristezas cantan

soñando, por los campos

de trigo, sangre y vid.

Perdidos como lagrimas del cielo

por los nostálgicos caminos

donde anduvieron pastores

guiando las ilusiones 

de un pueblo que calla sediento,

y gime olvidado.

 

Mancha de carrascas

de pinos y de almendros

donde florecen atardeceres

más que solitarios, eternos.

Donde los horizontes

nacen en la tierra

y expiran más allá de los sueños,

donde las estrellas vuelan y navegan

hacia los campos, que se hunden

en el fondo del universo.

 

Mancha humilde

Mancha linda y hermosa

de verdes primaveras

y largos letargos del otoño

Mancha donde mi corazón nació

Mancha de niebla y bruma

Mancha muerta,

y tan solitaria.

 

No son sus oficinas,

ni sus ciudades, ni sus carreteras,

Son sus pueblos olvidados,

y sus calles polvorientas.

 

Es el silencio de sus iglesias

con sus campanarios

mudos y atormentados.

son sus campos de tristeza

es su alma olvidada y muerta.

 

Son sus caminos encendidos

de lágrimas y amapolas.

Son sus raíces perdidas

en los cementerios como rosas dormidas.

 

Son sus viejas casas vacías

son sus batallas perdidas

Que aun así vencen al tiempo,

todavía sobre mi corazón.

 

¡Hay, corazón de la España silenciosa!

del pensamiento callado y recogido.

Por tus campos olvidados

cabalga la melancolía,

por tus pinares abandonados,

envueltos en jirones de niebla,

sueña mi alegría.

 

Sobre el Guadiana, y el Júcar,

Pueblo del sol tierra mía,

tu por siempre

su nombre arrastrarás.

 

¡Tan finita es la mente,

tan universal es mi Mancha!

Que mis ojos a los suyos

a mirar todo no alcanzan…

 

 

               Epilogo

 

Tres torres que son molinos

guardando el trigo de muerte herido

tres torres, que son segadores dormidos

soñando a su tierra, entre el grano molido.

 

¡Yo me voy con ellos, es mi destino,

dormir entre sus campos verdes y amarillos!

 

 

OrT   2009

 

Una Sinfonía entre las olas

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               Misteriosa vida

               que se hace la dormida

               mientras enamorada derriba,

               sin que la escuches,

               las ruinas con los soles

               y con los besos las heridas.

 

               Anda prendiendo fuego a las cenizas

               en esta lumbre de deseos que arde

               con sus calientes lenguas amarillas,

               cuando de la noche retorna a la tarde

               y de la tarde a la mañana recién nacida

 

               Cuando el sol que vuelve

               de nuevo a salir por el Este

               ya devora a la luna que eclipsa

               una profunda felicidad que brilla

               ahora sobre nuestros ojos

               más allá de todas las dudas

               y con los sueños reales del amor

               anegando el océano de vida,

               de corales que en coros cantan

               entonando la canción más linda

               para que las olas en sus crestas

               la lleven como una flor sonora

               hacia todas las playas del mundo

               para dibujar en sus doradas estolas

               de millones de granos de arena fina

               las marcas astrales de tus labios

               llegando en una alegre comitiva

               espumosa que hace curvarse las orillas

               reescribiendo una y otra vez las sílabas

               de ésta sinfonía que empieza

               con el roce de tu alma sobre la mía.

 

 

                              Ort

 

 Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche,

nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti.

Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,

nunca sabré en qué viento llegó este querer…

El poeta despistao

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Hola soy Manuel

Poeta y despistao,

con orgullo.

 

Soy Manchego,

de la patria chica

de Villarrobledo.

 

Cuando cierro los ojos

soy del mundo entero

y cuando muera

 

será del universo,

todo lo que amé

y lo que quiero.

 

Hola soy tú,

tú mi alma

y tú mi silencio

 

porque tu palabra

llevo dentro

pero necesito tu voz

 

para caminar sereno.

Hijo de la Maruja,

nieto del mismo cielo

 

Hermanos tengo grandes

tan grandes

como la luna que veo.

 

Mi padre noble

mi tiempo siempre breve,

mis anhelos…

 

Y aquellos

a los que llamo amigos

junto a una candela espero

 

para calentar el alma

y empaparla en sueño!

y en libertad

 

volar los amores

de los pájaros

hacia lo eterno.

 

 

Ort.

(Fotografía de Vicente Ortega, hermano al que amo y que hace poesía con la retina de su cámara)

Cinco Años

Pegasus


 

Vuelve a pasar el planeta

por donde hace hoy cinco años

lo quiso detener un beso.

Se alinean las constelaciones

las mismas, las tuyas y mías

evocando un mapa de deseos

por el que cruza ahora la Luna

ansiosa por que se unan tus ojos

a la danza de los astros y los luceros.

 

Al oído te las voy a ir nombrando

siquiera sea por consumir tiempo

entre mis labios enamorados

y tu oído presto a las noches inmortales

donde mora siempre la imaginación

 

En lucha contra la serpiente Hidra

tienes a Hércules, inmortal guerrero

y al caballo Pegaso, con sus alas

sobrevolando blanco el negro cielo.

La corona Borealis de la diosa Adriana

hija de Minos, abandonada por Teseo

y la vanidosa Casiopea, hija del rey Cefeo

esclava de su silla y su pluma, su trofeo

su hija Andrómeda, Galaxia enorme

y la mujer más bella del monte Olimpo

donde duermen los dioses griegos.

Cerca esta su amado y noble Perseo

asesino de Medusa e hijo del Dios Zeus.

Vega brillante sobre la Lyra de Orfeo

convertido en cisne y allí arriba

la Osa Mayor, la cual guio a Ulises

desde Troya hacia Ítaca por el Egeo.

Y allí, centelleante, la leche derramada

del pecho de la Diosa de Diosas Hera

y que no es más que una enredadera

de millones y millones de lejanas estrellas

 

Y el Escorpión y El Águila

y con la Estrella Polar, la Osa Menor

que marca siempre el norte

y ha de velar el sueño del amor

más otros tantos millones de astros

que nos miran desde el hondo

océano eterno de la noche

y que vendrá a azularnos el Sol…

 

Y así pasen cien años más

abrazados tu y yo,

mirando al firmamento

desde este humilde balcón

al que llamamos tierra

entre besos y leyendas,

y cuando caiga el telón

miraré yo esos dos luceros

que por ojos llevas

pues no hay cielo más sublime

ni más hermosa constelación.

¡Pero cuánto pierde el mundo si los cierras!

 

 

 

 

Ort.

EL NÁUFRAGO

 

 

 

 

Como una nota de silencio clavada

a cuchillo en un pentagrama, suena

el nombre que jamás habré ya de susurrar.

Cinco líneas negras de nubes lo guardan,

ni la imaginación, raída y  sorda

lo llegará a encontrar… su música es ceniza

y espuma por querer volar.

 

Ese silencio rajado es tan profundo

que estalló todo antes de él comenzar,

arrasando en un segundo notas

y flores bajo un aliento sepulcral.

Allí donde los sentidos no se atreven

a mirar, en ese lugar,

que es una partitura lanzada al mar.

 

Allí están los besos que no me diste jamás,

y aquellos que el recuerdo le robó al azar,

junto a tu nombre, si es que tienes aun

o lo consumió mi soledad…

Pues de letras se compone tu sombra

que a tus pies quedando van,

como negros océanos y perdido yo,

náufrago en medio de la tempestad…

 

Sellando en este papel con un Silencio

este canto, que será su punto y final.

Y se va para volver con otro día

el marinero y lanzarse a un nuevo mar,

pues en esta vida extranjeros somos todos

hasta que un corazón, que es un océano;

no logremos conquistar…

 

Quién sabe si en marzo, abril

diciembre o enero le vendrá

el ánimo a dar… El mar es caprichoso

pero un buen marino

siempre sabe esperar…

 


 

Ort.

 

A todos los que perdieron el amor un dia,

y a fuerza de naufragios lo volvieron a encontrar…

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