Ocaso Lunar

 

 

 

En una mota de polvo

navegan las estrellas

como nubes pasajeras

en un cielo sin fondo

 

Llora con un grito hondo

desde allí la terca luna

al mirarse en la laguna

oscura el blanco rostro

 

Sus ojos son redondos

sus manos sepulturas,

y en sus yermas llanuras

anegadas de escombros

 

caminan grises figuras

de los amores ausentes

con las miradas desnudas

cual fantasmales criaturas

habitando entre sus dientes

 

Cuantos corazones tristes

todos ellos penitentes!

 

Solitaria por sus salones

baja las largas escaleras

y caen lágrimas ligeras

golpeando los escalones

 

Reunidos en las alturas

descienden junto a su dama

que en sus pasos derrama

la flor de las sepulturas

 

Cantando en su lengua vieja

con voz sonámbula, dulce

sobre el aire quieto esculpe

la luna en las hojas secas

 

un aria de amor hacia la tierra

es entonces cuando los poetas

encuentran flotando el verso

más antiguo del universo

 

que su voz nostálgica encierra

mientras el coro de los grillos,

sinfónicos animalillos,

velan los sueños de la reina

 

de la noche

que a media luz soñando, vencida en sus tinieblas

se ha dejado las puertas del cielo eterno abiertas,

 

inundándose todo de estrellas.

 

 

 

 

ORT

A mi reina de la noche.

 

 

 

Nana de Luna tierna

 

 

Algo acaba cuando algo empieza.

y cuando un sueño acaba con un sueño,

alguien en su olvido se despereza

en su lecho de flores onduladas

y doradas por el alma de la tristeza.

Y quien sabe si la vida es sueño

o es el sueño la vida cuando despierta.

Y quien sabe si los ojos que se cierran

y las manos que se abren, a la luna, lentas,

el brillo áspero del sol encierran.

Porque mi alma sabe de sus montañas

áridas, secas y desiertas

donde quedó tantas veces medio muerta,

pero algo escuchó también de la belleza,

pues se tumbaba en las cosechas

de trigo donde brillaban las estrellas

para oírlas hablar y hablar,

que son de las musas las sirvientas,

bandadas de pájaros en el cielo,

puñados de hojas silvestres

arrojadas a un universo, y quietas.

 

Rocío de la esperanza

que salpica las alturas mientras

empujadas por los vientos,

hilan con luz las alas abiertas

del náufrago, que ya en tierra,

ha expulsado el océano y despierta.

 

Por eso yo sé,

que es tierna,

¡Tierna! tierna…

la luz de los labios,

que me han salvado,

esa luz,

es ya para mi eterna

 

Son sus lunares,

esos astros

¡son luciérnagas!

 

Perlas

de alabastro

negras,

arrojando

luz,

a las tinieblas.

 

 

OrT.

 

A mis treinta

 

 

 

Nací a las puertas de la primavera

con un invierno infinito en mi corazón

esperando a que la luna partiera

las nubes oscuras como un galeón,

y con su espolón, como una relojera

de luz, en hora las amapolas pusiera,

 

Convirtiendo el negro en rojo,

esparciendo mi alma como avena

en la piel de los campos de la tierra.

 

Crecí bajo las carrascas y los mares

que gritando libertad susurraban miserias.

Te besé entre espumosos manantiales

que no pararían si la muerte lo impidiera,

y en el más allá solo polvo seré

solo polvo quizás, pero sin pena.

 

Que bien valen una vida tus ojos

marrones, que me llaman

como llaman a los marineros las sirenas.

 

Bien valen una vida entera

para soñarlos después dormido

durante toda la noche eterna.

 

 

Ort

Mi cafetera caliente

 

A mis cafeteros, que sois muchos…

 

 

 

Silva feliz mi cafetera, canta

como una sirena vieja y plateada

al filo ya de la media noche

humeante ante la madrugada

bajo el  cielo raso y brillante

su vapor asciende, -mis alas-

a ella se le escapa de los labios el café

y como la vía láctea  

lo salpico yo de leche condensada

 

Pequeñas sonrisas de la vida

que endulzan las estrellas claras

bajo el cristal caliente de la luna blanca

es sin duda ese… el aroma del alma.

 

En las pequeñas cosas

esta siempre el universo,

siempre.

Con un sencillo beso

me lo dijo mi sirena,

mi cafetera caliente…

 

Su vapor en espiral  ascendía

con mis ojos,  ante la noche,

disfrazado de caracol celeste.

 

 

Ort

 

Al Vino

 

En el vino (está) la verdad.

Platón

 

Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo.

Pitágoras

 

 

 

Estoy de vuelta.

He llegado.

De las tierras donde el amo

es el silencio.

Y vengo

para quedarme.

He escuchado derramarse

un susurro solamente,  

pero me ha bastado

para abrir los ojos

y me he sentido bien.

Me ha sentado bien

abrir la boca y respirar

y dejar caer dentro de mí el mar.

Estoy de vuelta.

 

La noche es una fulana vieja

y la luna,

una gitana de papel de servilleta

que de la mano del humo

nublado de una taberna

quiere aprender a bailar,

chatos de vino cobra

y una barra de bar, por recital.

Primero lo saborea la lengua,

después el paladar…

Y al final de la noche

sobre algún amigo,

en algún lugar,

saltando de labios

y bocas sonrosadas

lo escuchará el amanecer cantar…

 

¡la vida son dos días,

o dos tragos, nada más!

¡Decirle adiós a esta noche,

y saludad!

¡Que hebria de alegrias…

se nos escapó por siempre ya!



Ort

 

El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.

Pablo Neruda