A mis treinta

 

 

 

Nací a las puertas de la primavera

con un invierno infinito en mi corazón

esperando a que la luna partiera

las nubes oscuras como un galeón,

y con su espolón, como una relojera

de luz, en hora las amapolas pusiera,

 

Convirtiendo el negro en rojo,

esparciendo mi alma como avena

en la piel de los campos de la tierra.

 

Crecí bajo las carrascas y los mares

que gritando libertad susurraban miserias.

Te besé entre espumosos manantiales

que no pararían si la muerte lo impidiera,

y en el más allá solo polvo seré

solo polvo quizás, pero sin pena.

 

Que bien valen una vida tus ojos

marrones, que me llaman

como llaman a los marineros las sirenas.

 

Bien valen una vida entera

para soñarlos después dormido

durante toda la noche eterna.

 

 

Ort

Montseny

El fantasma del ejército del Ebro

que aun anida en los páramos de España

anda alzando, proclamando tu nombre

como la bala de un fusil furiosa

como las alas de un ave ansiosa

que busca resurgir de entre la tierra

como flores en la primavera lluviosa

¡revolucionaria! ¡enorme! ¡preciosa!

¡Que levanten el pueblo de voz opresa

y las mujeres de cabelleras valerosas

tu legado con la fuerza sonora! poderosa!

De las cadenas que se rompen y en arena

se derraman en las manos de las obreras

que con la lucha resisten victoriosas!

Tú que empuñaste las ansias de las madres,

de las irredentas, las hambrientas, las hastiadas!

tú que te alzaste y al cielo gritaste: ¡Universo!

cuando los verdugos decían: ¡Alambradas!

Tú que fuiste una de un todo que vibró

con la fuerza de una lucha que nunca acaba

enarbolando eterna la bandera revolucionaria

y abriendo camino, arrancando la oscuridad

de los ojos de todo un pueblo que callaba

Montseny irredenta! libertaria!

jamás caerán en el olvido tu voz! tus palabras!

y así los fantasmas tornados en cuerpos

reales de los ideales de las almas

de todos los que por la libertad luchan

por la libertad sueñan

y la libertad aman

llevarán tu nombre prendido en el corazón

con un nudo ardiente de esperanza

Porque el pueblo por entero no te olvida

Montseny, hija irredenta de las madres

que con orgullo cada día se levantan!

diciendo, gritando de una vez,

en una sola voz:

BASTA!

 

 

Ort

S·P·V·R

14622446-2

 

 

El senado

y el pueblo

de la Villa

del Robledo

 

Lunar en mi cuerpo

lumbre al raso,

contradicción de mis anhelos.

Valen más los pucheros

de pastores, los cielos,

los atardeceres en colores

con nubes que rozan los versos,

que las espinas clavadas

de las ortigas que crecen

en aquellas ventanas

abiertas sin sueños.

Que los cardos aquí son reyes

y las rosas

vinieron de los infiernos.

 

Que hay mariposas

con alas de muertos

que yo veo

rondando en la memoria,

tatuadas en las calles,

en las casas, donde vivieron;

y pesadillas

como un angustioso fuego

que queman al cantarte

por hombres del pasado

que en el presente vivieron,

haciendo cenizas

el corazón de las semillas

que plantaron con sangre

sudor y muerte

los antiguos jardineros.

 

Nuestros abuelos,

en lucha siempre

contra molinos

que muelen dinero.

 

Y aun así,

Y qué,

yo lucho,

yo me quedo

con lo que quiero,

lo que amo,

con lo que deseo.

 

Y quiero que seas libre!

Libre como un callado,

Sostenido por un ciego.

 

 

 

Ort 2016

Un observatorio abandonado

 

 

Allí, un observatorio abandonado

en la cima de la montaña más alta

con su cúpula girada por el olvido,

veleta quieta del sueño perdido

del hombre que dejó de mirar

a los cielos agujereados y ardientes

para arrastrarse perdido

ante la amargura de su suerte.

 

En ese espacio de ladrillos hundidos

en el suelo en deshojados remolinos,

fantasmas astronómicos abatidos

la triste música del eco silban

al viento como ángeles caídos

un llanto de abandono miserable

por sus rincones sin vida, vacíos

como esqueléticos ladridos

de lobos de boca quieta y seca

proyectada al infinito,

sobre el rumor de la nada

mientras pasa la luna blanca

sin nadie que la mire

sin nadie que le escriba,

porque ya nadie le canta.

Ella pasa,

rozando la cúpula abierta y ajada

de la burbuja de hierro

corrompida por la lluvia y el frio

ahora invernadero de las plantas

que hacia su herida escalan

buscando la luz

que a la humanidad le falta,

sin nadie que la advierta,

solamente los grillos,

los caminos de astros

y las luciérnagas.

 

¿Dónde está la quimera

que alimentó la voz

del saber y su esperanza?

Donde los ojos del hombre…

Aquí solo retumba un eco,

un eco,

su voz, lejos,

se ha perdido,

presa de las cadenas

impuestas a sus pupilas

que han de doblar las rodillas

al destino ingrato

del ser esclavo de sus huellas,

aquí, en la tierra,

siendo hijas

de las estrellas.

 

Duerme el observatorio

en una pesadilla de silencio

con sus telescópicos nidos

entre el rojizo metal roído

mirando al firmamento

en su sepulcro de olvido.

 

 

Ort  2017.

La Manzana

 

 

 

Carece la noche malva de manzanas.

el verde se ha tornado negro

y el negro asesinó a las hadas

 

el bosque, eternamente dorado, guarda

sobre un otoño de hojas secas,

cenizas, de una luna en calma

 

y la arena del reloj de la ventana

que no es futuro si no plata

se derrama a los pies del alma

 

se pierde en la penumbra verde,

recogiendo la luz blanca.

 

ahogada en la furia triste

y desnuda la rama amarga,

 

ha entregado su fruto al sol,

su enferma manzana, al alba.

 

Ort 2010

Nos vemos en los sueños

 

Nos vemos en los sueños,

allí donde el tiempo es ámbar,

congelando los besos.

Donde las nubes

son mármoles ligeros,

bellos, que rozan blancos

la inmensidad de los cielos.

 

Donde los ecos son fuentes

y las fuentes gargantas

y las gargantas desfiladeros

por donde caen los torrentes

espumosos de los ecos,

de los ecos,

del roce de nuestros cuerpos.

 

Nos vemos en los sueños

donde hay bosques azules

y la tierra es un bosquejo

de luciérnagas que la trazan

al elevarse brillantes

dibujando un lucero

que encuentra su órbita

recta en la almohada,

de tus labios entreabiertos  

a los míos, quiméricos,

que no dejan de buscarte,

mientras duermo.

 

Y en esa patria sin tiempo

te abrazo hasta morir

para renacer al abrir los ojos,

cerrarlos después,

y como cayados ciegos

hundir mis mejillas y mis dedos

sobre tus quietos cabellos

 

y así dormir

dormir hasta que parta de nuevo

ese verde velero

que navega sobre un espejo

donde flotan

como eternos jardineros

de olas nuestros cuerpos.

 

 

                                            Ort 20/16

La luna más negra

 

 

Desde su frio balcón, la Luna,

que mecía en su arqueada cuna,

ahogada en sangre, los astros,

callada, sobre una negra laguna,

se quedó triste, en la penumbra

cubriendo su piel con alabastro.

Lloraba seca sin lágrima alguna

aquella noche de luto infausto

en la que se veló con la bruma

por no ver en la tierra el rastro,

la sangre pura tornada oscura,

derramada sobre los peldaños

de un templo que fue de sabios

de verdugos ahora, de fanáticos

donde un cuerpo muerto yacía

entre los papiros calcinados

 

Arrojado sobre el viejo mármol

seco como un arroyo, un llanto        

se esparcía pesado como el oro.

Unos ojos preñados de espanto

vueltos, desbocados, blancos

anegados sobre un rojizo charco

miraban, quietos el cielo negro

con el que soñaron tiempo largo.

El viento corría entre los pasillos

abandonados y todos los luceros

por no querer contemplarlos,

invocando al aire se apagaron.

 

Aquella filósofa, astrónoma de luz

de constelaciones brillantes

que se dedicó a amar enseñando

las esferas errantes del espacio,

Aquella por quien iban a Egipto

viajando por el mundo los sabios,

última antorcha del saber clásico

último reducto de la luz milenaria

que tantos pensadores fraguaron,

fue asesinada en uno de los días

para la raza humana más aciagos

Entre vejaciones insultos y palos

por una ciudad cobarde la llevaron

callada, quieta que veía, que sentía,

como algo dentro de sí moría

y en las ruinas ya olvidadas

de la biblioteca de Alejandría,

Santuario del saber, que es la luz,

y que en la oscuridad sucumbiría

sin ninguna piedad la desnudaron,

y con grandes conchas marinas

atrozmente la descarnaron, viva,

mientras el cielo se desplomaba llorando

y la razón y la luz desaparecían.

 

Aquella turba que emanaba odio

y saña era comandada por Cirilo,

implacable obispo que condenaba

todo cuanto desconocía y negaba

fanático que jamás permitiría

que una mujer, y menos pagana,

se elevara sobre los misterios

y quisiera comprender la noche

el alba, que fuera libre y que volara

sin yugo y sin cadenas que la ataran

al terrenal mundo que él tutelaba

pero el eterno cielo está reservado

para los que saben mirar alto

para los que han de soñar los astros

y cuanto se perdió con ella…

cuanto…

He aquí la condición humana,

a ella la devoró el olvido

mientras que al otro lo hicieron Santo

y hoy su legado está perdido

en las entrañas oscuras del pasado.

 

Y así la luna, hincada de rodillas

sobre el cielo llorando

entonaba una nana de quebranto

intentando dormir a las estrellas

huérfanas, deshaciéndose del blanco

y enlutando su brillante manto

mientras de la tierra se iba alejando

llena de vergüenza,

sosteniendo a Hipatia muerta

entre sus tiernos brazos.

 

Callada, sobre una negra laguna,

se quedaba triste, en la penumbra

cubriendo su piel con alabastro.

 

 

                                                    Ort

Safo

safo

 

Quien tuvo la gran lira, lengua

de las musas, el laurel y las hadas

al servicio cristalino de sus pies

descalzos como la noche clara.

 

Quien tuvo en su pluma la gran nata

de fundir en los vientos la palabra

y enfrentarse al tiempo con la espada

de unas flores gigantes esculpidas en nácar,

 

escondidas pero ardientes,

en el corazón de las manzanas.

 

Quien fue libre, tú, tan adorada,

que hasta el mismo Aristóteles

ante tus versos humilló su rabia,

doblegándose a aquella voz tan alta

 

Safo, tú entre los poetas

tú entre todos los que gimieron

en volcanes de llanto sus alboradas,

la más grande estrella de todas las madrugadas.

 

Tú, que en un mundo cruel

lira en mano cantaste al amor

universal de dos cuerpos cualesquiera

que fueran que se amaran, tú.

 

Tú, la condenada, que por santa cruzada

quisieron enterrar a la luz de la llama

tu lengua sin saber que el fuego sonoro

lanzaría de nuevo al aire tu poesía descarnada,

 

cantada entre los astros y devuelta a la tierra

como un cometa aplastando su intolerancia,

 

llama que era alumna de la universal mirada

humana que acoge cuanto condenan

y que de las hogueras las sílabas rescata,

tú, Safo, eterna musa y Diosa de las almas

 

que caminan entre sendas de letras

esmaltadas de pureza libertaria,

de amor sin cuartel y de viva esperanza.

 

Porque venciste, porque eres universo.

Porque eres piedra en sus tijeras

y eres fuego en sus censuras secas

que arden incendiadas bajo tus palabras.

 

Tú, Safo de Lesbos, tu luz en gran cascada

estalla en los reinos abatidos del silencio

de los que quisieron sepultarte

y sobre sus tumbas ahora canta!

 

Ven ahora, desnuda con tu lira blanca,

eterna, y entre sus malvas versos planta!

e ilumina los amores del mundo

que son, en verdad, la única Tierra Santa.

 

Ort

 

 

Como la dulce manzana que se enrojece en la rama alta,

                                                                    alta en la más alta,

y se olvidaron de ella los recolectores de manzanas;

pero no se olvidaron de ella, sino que no pudieron alcanzarla.

 

                                                                                       Safo

 

Cinco poemas del libro Torres de La Mancha

               Que me escuchen

 

Que se apaguen los clarines

¡Que me escuchen!

Vientos, aires, flores.

¡Que me escuchen labradores!

Cielos claros como manantiales,

que tiñan de rojo amaneceres

¡Y como el mar pinta barquitos

en los ojos, cuelguen claveles!

 

Los jardines de las nubes

¡Que me escuchen!

y florezcan de violetas

¡Que me giren las veletas!

Guiándome de oriente hasta occidente

¡Que ya viene a segarte

el dios de poniente, cargando

en sus hombros, la bóveda celeste!

 

Pueblo llano y claro, ábrete.

¡Escucha mi corazón clamar!

Desde las montañas a los valles

¡Escucha a mi alma llamarte!

Que ya vienen los hombres

a robar tu aliento adolescente.

Las flores que derraman los amores

vienen a llevarse, ¡Tu corazón caliente!

 

Que ya vienen, que ya se sienten

¡Escúchalos juntos gritar!

Al son del cielo que sale y se esconde,

¡Al son del mar hecho cielo, que se rompe!

Y sobre tus pies augusto se muere

escúchalos llorar, reír, esperar…

Escúchanos juntos al alba soñar,

y míranos pacientes, caminar y caminar…

 

 

 

               El árbol y la Noche

 

Llora, la noche llora,

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas,

en los labios del alba.

 

La luna de nata clava,

envuelta en nebulosas

negras alas celestes,

a las altas esferas blancas.

Aguijoneada carne el cielo,

de luto y luz por los astros

viejos de las colmenas.

Partida y melancólica

el alma de la tierra;

por el árbol que se muere.

Por las hojas que le lloran.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

en sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Un árbol solitario

derrama soñando

otoñales bostezos

y en su vigilia los lamentos

se esparcen silenciosos, 

quietos.

Plata en sus sueños,

y en sus ramas veleros

navegando morenos,

de sus manos al cielo.

Oro en sus ramas, oro.

Las hojas ya cantan

disfrazando a los luceros.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

En sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Llora, la noche llora

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas

en los labios del alba

 

 

 

              Tierra en primavera

 

Cuando te vea, vestida de verde

mi piano levemente mecerá

a la marea de la tarde clara,

mecerá las estepas,

y su alma en aras.

y nacerá todo cuanto la tierra emana.

 

Cuando te canses de los yugos

y vuelvas a bailar la noche entera,

cuando la luna sea el sol

y con él, tu sonrisa las estrellas.

 

¡Sí! ¡Cuando brillen las estrellas,

y me eleves contigo a ellas!

Que ya volverás a ser morena

en otoño, entre las eras.

 

Cuando vuelvan los amigos

y renazcan los amores.

¡Cuando resurja el pueblo vivo,

de la Mancha, de los labradores!

 

 

 

               Torres de La Mancha

 

Tres torres soñolientas

alzadas sobre el horizonte,

señoras de un castillo

que contemplan la eternidad.

Observando mil soles

que desbordan los amaneceres,

llorando

junto a un millón de corazones,

que por su Mancha caminan,

que por tu Mancha sueñan.

 

Tres Torres,

como tres caballos desbocados

blancos como la luna

que a la noche sus tristezas cantan

soñando, por los campos

de trigo, sangre y vid.

Perdidos como lagrimas del cielo

por los nostálgicos caminos

donde anduvieron pastores

guiando las ilusiones 

de un pueblo que calla sediento,

y gime olvidado.

 

Mancha de carrascas

de pinos y de almendros

donde florecen atardeceres

más que solitarios, eternos.

Donde los horizontes

nacen en la tierra

y expiran más allá de los sueños,

donde las estrellas vuelan y navegan

hacia los campos, que se hunden

en el fondo del universo.

 

Mancha humilde

Mancha linda y hermosa

de verdes primaveras

y largos letargos del otoño

Mancha donde mi corazón nació

Mancha de niebla y bruma

Mancha muerta,

y tan solitaria.

 

No son sus oficinas,

ni sus ciudades, ni sus carreteras,

Son sus pueblos olvidados,

y sus calles polvorientas.

 

Es el silencio de sus iglesias

con sus campanarios

mudos y atormentados.

son sus campos de tristeza

es su alma olvidada y muerta.

 

Son sus caminos encendidos

de lágrimas y amapolas.

Son sus raíces perdidas

en los cementerios como rosas dormidas.

 

Son sus viejas casas vacías

son sus batallas perdidas

Que aun así vencen al tiempo,

todavía sobre mi corazón.

 

¡Hay, corazón de la España silenciosa!

del pensamiento callado y recogido.

Por tus campos olvidados

cabalga la melancolía,

por tus pinares abandonados,

envueltos en jirones de niebla,

sueña mi alegría.

 

Sobre el Guadiana, y el Júcar,

Pueblo del sol tierra mía,

tu por siempre

su nombre arrastrarás.

 

¡Tan finita es la mente,

tan universal es mi Mancha!

Que mis ojos a los suyos

a mirar todo no alcanzan…

 

 

               Epilogo

 

Tres torres que son molinos

guardando el trigo de muerte herido

tres torres, que son segadores dormidos

soñando a su tierra, entre el grano molido.

 

¡Yo me voy con ellos, es mi destino,

dormir entre sus campos verdes y amarillos!

 

 

OrT   2009

 

Certezas

 

espacio-maria-jose

 

 

Como aman los planetas  

a sus estrellas, en danza  astral,

atrayéndose como dos lenguas.

Como atraviesa la luz eterna

el camino oscuro del espacio

hasta hallar sobre la tierra

unas amapolas que recojan

como labios, entre el trigo,

reinas, de los astros la belleza.

Cayó en mi alma esa certeza

como un puñado de semillas

que el viento suave  esparce

y hacia mi corazón las lleva,

una verdad sonora sin ausencia,

un amor eterno que silencia

las heridas de la vida, borrando

con su abrazo caliente la tristeza

iluminando tus besos

como si hogueras fueran

por completo la noche

oscura

de mi existencia.

 

              Ort

 

 

                                     Te quiero Elena,

                                     Mi eterna estrella,

                                     mi precioso astro,

                                     que tanto me iluminas…

 

 

Pd: Cuadro pintado por la gran María José Bonillo, que allá en las estrellas sigue imaginando astros.