Que los ojos sean

 

 

 

        Que los ojos

        sean los labios

 

        y los labios,

        el corazón

 

        y el corazón,

        el pueblo

 

        y el pueblo,

        el universo

 

        y el universo,

        la paz

 

        y la paz,

        el cielo

 

        y el cielo

        sin el velo

 

        de la tormenta

        y de los miedos.

 

        Los hombres libres

        las fronteras rotas

 

        las cadenas al hombro

        como fieras rosas,

 

        para que nuestros labios

        en un solo segundo

 

        sean los sabios

        de un bosque profundo

 

        y con los pulmones

        de la tierra

 

        y un amanecer rotundo

        arrojen con el viento

 

        las tinieblas,

        y las guerras del mundo.

 

 

                                  Ort 2017

El imperio de la amapola

 

 

El amor no es una rosa

que pierde los pétalos lentamente

ni un beso suave, ni un ave

hacia lo profundo, es un segundo

eterno que muerde al presente

dejándose en la empresa los dientes.

una tormenta de aguardiente,

el imperio de la amapola

que su rojo carmesí vierte

dentro de las caracolas

que olvidaron las olas

para que sonoras se abran

como flores, y despierten.

 

Es todo lo que quiera ser

porque lo será todo siempre

el amanecer en un punto

mientras en otro la muerte.

 

El amor es…

es… es mi mirada furtiva

como el aire caliente

del corazón de la hoguera

que vuela hacia tus pupilas

de un soplo, lentamente,

abiertas como lunas

ante soles incandescentes,

 

brillantes

inmensas

crecientes.

 

El amor es el imperio

de las amapolas irredentas

conquistando los trigales verdes.

 

 

Ort 2017

Diálogo del poeta con la luna

 

            -I-

 

Escóndete, misteriosa

que nadie te vió nacer

y no te irán a empobrecer

ni el verso frío ni la prosa

con sus palabras.  A demoler

tu palacio de luz borrosa

vienen, con un pico y una rosa

sin saberlo, ¡ay!, sin querer.

 

Si solo con mirarte y ver

y reconocer en ti una diosa

toda la marea rumorosa,

sonámbula, te quiere coger.

Si el lobo, hasta el amanecer,

con su lengua pavorosa

te aúlla, y tú, una losa

de mármol blanco finges ser,

¡y no lo eres!, ¡tú!, ociosa

de jardines y tabernas

amante furtiva de poetas,

celadora de aquellos ojos

que yo siempre buscaré…

escóndete!

Cómo no van a manchar

tu blanca y lejana piel

si por amor los llevas

a los lechos y después

los dejas enloquecer!

Ay luna lunera,

¡Escóndete!, recoge

la sábana de estrellas

que dejaste caer

al desnudarte y vístete,

que sangra mi pluma

si desde la ventana me llamas,

y me dices, que me ves.

 

 

            -II-

 

 

Pero ella,

aquella navaja

afilada, blanca,

 

con su asta,

la carne del corazón

del poeta arrastra.

 

Y alzando su sueño

lo levanta

 

hacia el cielo

junto a su velo

del que él se agarra

 

Mientras ella

como una hechicera

Le habla…

 

 

 

 

            -III-

 

Luna Menguante

Luna nueva

Luna Creciente,

Luna Llena

 

Que te miran,

desde una almena,

como cuatro amantes

en una sola escalera

de caracol y marfil

de sonrisas y de pena,

esperando que aquí subas

a contemplar desde nuestros ojos

todas las semillas de arena

que esparcidas en la noche

solitaria

quedan.

 

Ven,

cierra tus ojos

y como las espigas

movidas sin aire,

solamente por amor,

como las estrellas,

sueña,

que seremos veleros

surcando los cristales

del agua apasionada de las riveras

 

deja la pluma,

mírame

ven.

 

Que la mirarás a ella,

a Elena,

esté donde esté.

 

 

 

 

ORT. 2017

El Ser frente a la nada

 

A Cernuda por A un Poeta Futuro

 

 

No quiero conocer al mundo

más que como una blanca nube,

alargada, a veces gris, que surca el cielo…

Entiendo tan poco al hombre,

que navego por encima de las cabezas

de los mil y un sueños que las pueblan.

y no vivo, tampoco sueño,

mas se lo grande que es el sueño de la vida.

 

No quiero conocerlo, aun así, lo conozco,

a veces bien, mal a veces, – arrugado corazón-

mientras caigo a los abismos más profundos,

en el infierno de los olvidos, de las almas

que revolotean como chispas

en el ocaso penitente de su tarde.

Tal vez ya he vivido, y el sentir se ha ido,

o es el frío de mis manos, de mis ojos

el que desata, apasionado la esperanza,

esperanza tan abrumada por la lluvia

y tan callada, y pálida 

que se cruza muda ante un caminar

a veces sereno, ávido a veces, y tan triste…

 

Yo no soy poeta, lo sé,

mas si soy una alargada sombra

difuminada, silenciosa y oscura,

finita y pequeña, frente al infinito espacio

una gaviota herida

frente al inmenso y basto océano,

que hace humilde, e insignificante

al más eterno y desesperado amor.

O quizás seré ceniza, ya crepuscular,

una mota de polvo ávida, o una semilla

que arrastre suavemente el viento

sobre un campo de verdes espigas.

 

Yo conozco al mundo,

dentro de mí lo siento;

siento unos pasos que se alejan

envueltos en recuerdos ya pálidos

que las manos intentan atrapar

mientras se desvanecen sobre los ojos 

y se evaporan,

fundiéndose en el celeste cielo,

siendo las nubes, crepusculares olas.

Nada soy,

al igual que un te quiero

fluyendo de unos labios a otros palpitantes,

rebotando como un sereno eco

que sale del corazón de una caracola  

hacia la nada

y se derrama sobre la arena del olvido

exiliada como una hoja

del árbol del sonido

hacia el silencio

hacia la inútil memoria

de unos ojos mirando al cielo,

perdidos…

en lento movimiento.

 

Que solo, que triste se siente uno

ante el mundo,

ante el callado firmamento.

 

Ort

A mis treinta

 

 

 

Nací a las puertas de la primavera

con un invierno infinito en mi corazón

esperando a que la luna partiera

las nubes oscuras como un galeón,

y con su espolón, como una relojera

de luz, en hora las amapolas pusiera,

 

Convirtiendo el negro en rojo,

esparciendo mi alma como avena

en la piel de los campos de la tierra.

 

Crecí bajo las carrascas y los mares

que gritando libertad susurraban miserias.

Te besé entre espumosos manantiales

que no pararían si la muerte lo impidiera,

y en el más allá solo polvo seré

solo polvo quizás, pero sin pena.

 

Que bien valen una vida tus ojos

marrones, que me llaman

como llaman a los marineros las sirenas.

 

Bien valen una vida entera

para soñarlos después dormido

durante toda la noche eterna.

 

 

Ort

Montseny

El fantasma del ejército del Ebro

que aun anida en los páramos de España

anda alzando, proclamando tu nombre

como la bala de un fusil furiosa

como las alas de un ave ansiosa

que busca resurgir de entre la tierra

como flores en la primavera lluviosa

¡revolucionaria! ¡enorme! ¡preciosa!

¡Que levanten el pueblo de voz opresa

y las mujeres de cabelleras valerosas

tu legado con la fuerza sonora! poderosa!

De las cadenas que se rompen y en arena

se derraman en las manos de las obreras

que con la lucha resisten victoriosas!

Tú que empuñaste las ansias de las madres,

de las irredentas, las hambrientas, las hastiadas!

tú que te alzaste y al cielo gritaste: ¡Universo!

cuando los verdugos decían: ¡Alambradas!

Tú que fuiste una de un todo que vibró

con la fuerza de una lucha que nunca acaba

enarbolando eterna la bandera revolucionaria

y abriendo camino, arrancando la oscuridad

de los ojos de todo un pueblo que callaba

Montseny irredenta! libertaria!

jamás caerán en el olvido tu voz! tus palabras!

y así los fantasmas tornados en cuerpos

reales de los ideales de las almas

de todos los que por la libertad luchan

por la libertad sueñan

y la libertad aman

llevarán tu nombre prendido en el corazón

con un nudo ardiente de esperanza

Porque el pueblo por entero no te olvida

Montseny, hija irredenta de las madres

que con orgullo cada día se levantan!

diciendo, gritando de una vez,

en una sola voz:

BASTA!

 

 

Ort

S·P·V·R

14622446-2

 

 

El senado

y el pueblo

de la Villa

del Robledo

 

Lunar en mi cuerpo

lumbre al raso,

contradicción de mis anhelos.

Valen más los pucheros

de pastores, los cielos,

los atardeceres en colores

con nubes que rozan los versos,

que las espinas clavadas

de las ortigas que crecen

en aquellas ventanas

abiertas sin sueños.

Que los cardos aquí son reyes

y las rosas

vinieron de los infiernos.

 

Que hay mariposas

con alas de muertos

que yo veo

rondando en la memoria,

tatuadas en las calles,

en las casas, donde vivieron;

y pesadillas

como un angustioso fuego

que queman al cantarte

por hombres del pasado

que en el presente vivieron,

haciendo cenizas

el corazón de las semillas

que plantaron con sangre

sudor y muerte

los antiguos jardineros.

 

Nuestros abuelos,

en lucha siempre

contra molinos

que muelen dinero.

 

Y aun así,

Y qué,

yo lucho,

yo me quedo

con lo que quiero,

lo que amo,

con lo que deseo.

 

Y quiero que seas libre!

Libre como un callado,

Sostenido por un ciego.

 

 

 

Ort 2016

Un observatorio abandonado

 

 

Allí, un observatorio abandonado

en la cima de la montaña más alta

con su cúpula girada por el olvido,

veleta quieta del sueño perdido

del hombre que dejó de mirar

a los cielos agujereados y ardientes

para arrastrarse perdido

ante la amargura de su suerte.

 

En ese espacio de ladrillos hundidos

en el suelo en deshojados remolinos,

fantasmas astronómicos abatidos

la triste música del eco silban

al viento como ángeles caídos

un llanto de abandono miserable

por sus rincones sin vida, vacíos

como esqueléticos ladridos

de lobos de boca quieta y seca

proyectada al infinito,

sobre el rumor de la nada

mientras pasa la luna blanca

sin nadie que la mire

sin nadie que le escriba,

porque ya nadie le canta.

Ella pasa,

rozando la cúpula abierta y ajada

de la burbuja de hierro

corrompida por la lluvia y el frio

ahora invernadero de las plantas

que hacia su herida escalan

buscando la luz

que a la humanidad le falta,

sin nadie que la advierta,

solamente los grillos,

los caminos de astros

y las luciérnagas.

 

¿Dónde está la quimera

que alimentó la voz

del saber y su esperanza?

Donde los ojos del hombre…

Aquí solo retumba un eco,

un eco,

su voz, lejos,

se ha perdido,

presa de las cadenas

impuestas a sus pupilas

que han de doblar las rodillas

al destino ingrato

del ser esclavo de sus huellas,

aquí, en la tierra,

siendo hijas

de las estrellas.

 

Duerme el observatorio

en una pesadilla de silencio

con sus telescópicos nidos

entre el rojizo metal roído

mirando al firmamento

en su sepulcro de olvido.

 

 

Ort  2017.

La Manzana

 

 

 

Carece la noche malva de manzanas.

el verde se ha tornado negro

y el negro asesinó a las hadas

 

el bosque, eternamente dorado, guarda

sobre un otoño de hojas secas,

cenizas, de una luna en calma

 

y la arena del reloj de la ventana

que no es futuro si no plata

se derrama a los pies del alma

 

se pierde en la penumbra verde,

recogiendo la luz blanca.

 

ahogada en la furia triste

y desnuda la rama amarga,

 

ha entregado su fruto al sol,

su enferma manzana, al alba.

 

Ort 2010

Nos vemos en los sueños

 

Nos vemos en los sueños,

allí donde el tiempo es ámbar,

congelando los besos.

Donde las nubes

son mármoles ligeros,

bellos, que rozan blancos

la inmensidad de los cielos.

 

Donde los ecos son fuentes

y las fuentes gargantas

y las gargantas desfiladeros

por donde caen los torrentes

espumosos de los ecos,

de los ecos,

del roce de nuestros cuerpos.

 

Nos vemos en los sueños

donde hay bosques azules

y la tierra es un bosquejo

de luciérnagas que la trazan

al elevarse brillantes

dibujando un lucero

que encuentra su órbita

recta en la almohada,

de tus labios entreabiertos  

a los míos, quiméricos,

que no dejan de buscarte,

mientras duermo.

 

Y en esa patria sin tiempo

te abrazo hasta morir

para renacer al abrir los ojos,

cerrarlos después,

y como cayados ciegos

hundir mis mejillas y mis dedos

sobre tus quietos cabellos

 

y así dormir

dormir hasta que parta de nuevo

ese verde velero

que navega sobre un espejo

donde flotan

como eternos jardineros

de olas nuestros cuerpos.

 

 

                                            Ort 20/16