La Ley Seca

 

La ley seca

del mundo

ha evaporado

el tintero

de la palabra

 

y la pluma

flor oscura

que liberó

a las letras

una a una

 

de los yugos

y las cadenas

de una

eterna noche

sin luna

 

en una cárcel

presa y muda

de su amargura

lanza sílabas

a una sepultura.

 

Escribe

con sangre

el nombre

de las lenguas

de su censura

 

y en su locura

se desangra

entre el barro

y la opresión

de su voz pura.

 

A muerto.

En su tumba,

reza el alma,

la palabra,

literatura.

 

Y en el silencio

se escuchan

los lobos,

las gargantas

de la libertad,

 

que le aúllan…

 

 

 

“Escúchelos, son los hijos de la noche. Qué hermosa música componen”

Bram Stoker

Ort.  05/18

 

 

 

Ocaso Lunar

 

 

 

En una mota de polvo

navegan las estrellas

como nubes pasajeras

en un cielo sin fondo

 

Llora con un grito hondo

desde allí la terca luna

al mirarse en la laguna

oscura el blanco rostro

 

Sus ojos son redondos

sus manos sepulturas,

y en sus yermas llanuras

anegadas de escombros

 

caminan grises figuras

de los amores ausentes

con las miradas desnudas

cual fantasmales criaturas

habitando entre sus dientes

 

Cuantos corazones tristes

todos ellos penitentes!

 

Solitaria por sus salones

baja las largas escaleras

y caen lágrimas ligeras

golpeando los escalones

 

Reunidos en las alturas

descienden junto a su dama

que en sus pasos derrama

la flor de las sepulturas

 

Cantando en su lengua vieja

con voz sonámbula, dulce

sobre el aire quieto esculpe

la luna en las hojas secas

 

un aria de amor hacia la tierra

es entonces cuando los poetas

encuentran flotando el verso

más antiguo del universo

 

que su voz nostálgica encierra

mientras el coro de los grillos,

sinfónicos animalillos,

velan los sueños de la reina

 

de la noche

que a media luz soñando, vencida en sus tinieblas

se ha dejado las puertas del cielo eterno abiertas,

 

inundándose todo de estrellas.

 

 

 

 

ORT

A mi reina de la noche.

 

 

 

Paisajes de Peñafiel

 

 

 

Las nubes ahorcadas y espumosas sobre el cielo.

Las torres hincadas, sobre lo alto, casi en vuelo,

cual crestas de la montaña, atraviesan los vientos

a caballo, los cabellos de las flores del almendro.

 

La corriente alargada del Duratón parece un duelo,

un verde velo que al verse morir renace ligero

como un marinero que dormir quiere en el gran Duero,

con la promesa del océano, el río acelera su vuelo.

 

Aquí todo vuela, vuelan las horas

que parece nunca se movieron.

Las tiernas aves en parejas vuelan,

vuelan, hacia los nidos pasajeros

de los pinos altos que las esperan.

 

Se descifra en los páramos yermos

la vida infinita de las flores bellas

y en las vegas, bajo cielos abiertos

y en las calmas y tranquilas riberas

 

donde renace una y otra vez el amor

y el fantasma del conde Lucanor

camina silencioso por las almenas

de aquel castillo de blanco resplandor

 

de luz de luna de día

y de noche de estrellas mensajeras del sol.

 

 

Ort- 04-18

 

El Hombre del traje gris

 

 

Un niño de sonrisas infinitas

dejó navegando un barco,

un velero de papel flotando

de costa a costa por aceras

anegadas de grandes lagos,

 

volando bordea calle abajo

piedrecillas, para él

islas misteriosas y perdidas

que se dejó la tarde

sin ahogar en marzo.

 

Volaba sobre el agua un sueño,

y sobre el sueño, los ojos del niño

en un destello blanco,

feliz, viendo navegar su barco

bajo la feroz luz del sol

que entre las bocas de las nubes

hacia el mundo se iba derramando.

 

Impulsaba los ecos de los vientos el aire

vadeaba los charcos salto a salto

fantaseando.

 

¡Quien amara así la tarde!

La lluvia mientras purificaba el asfalto.

 

Alcanzó velocidad

se alejaba calle abajo

casi despegando

 

¡Se fue!

¡Se ha escapado el barco!

Andaba el chico gritando.

 

¿Dónde fue?

¿Te ayudo a buscarlo?

 

El hombre del traje gris

que estaba mirando

le respondió agachado.

 

No se equivoque,

se fue de mis manos

como una paloma

volando,

que siempre fue libre,

Que nunca fue mi barco.

 

decía el niño.

 

Ha vuelto a las corrientes

y a los remolinos

de este mundo

¡Que están siempre  girando!

 

Y se echó a correr gritando

con su gran sonrisa

y sus brazos en alto.

 

El hombre del traje

se levantó,

se quedó pensando,

mientras la lluvia

atrapada en su sombrero

caía sobre sus hombros

deshaciendo en colores

el gris cansado de su traje parco…

 

Y la tarde continuó bordando

las nubes negras con los grandes charcos.

 

Ort.

 

So, when the day comes to settle down,
Who’s to blame if you’re not around?
You took the long way home
You took the long way home………..

Supertramp

 

 

Nana de Luna tierna

 

 

Algo acaba cuando algo empieza.

y cuando un sueño acaba con un sueño,

alguien en su olvido se despereza

en su lecho de flores onduladas

y doradas por el alma de la tristeza.

Y quien sabe si la vida es sueño

o es el sueño la vida cuando despierta.

Y quien sabe si los ojos que se cierran

y las manos que se abren, a la luna, lentas,

el brillo áspero del sol encierran.

Porque mi alma sabe de sus montañas

áridas, secas y desiertas

donde quedó tantas veces medio muerta,

pero algo escuchó también de la belleza,

pues se tumbaba en las cosechas

de trigo donde brillaban las estrellas

para oírlas hablar y hablar,

que son de las musas las sirvientas,

bandadas de pájaros en el cielo,

puñados de hojas silvestres

arrojadas a un universo, y quietas.

 

Rocío de la esperanza

que salpica las alturas mientras

empujadas por los vientos,

hilan con luz las alas abiertas

del náufrago, que ya en tierra,

ha expulsado el océano y despierta.

 

Por eso yo sé,

que es tierna,

¡Tierna! tierna…

la luz de los labios,

que me han salvado,

esa luz,

es ya para mi eterna

 

Son sus lunares,

esos astros

¡son luciérnagas!

 

Perlas

de alabastro

negras,

arrojando

luz,

a las tinieblas.

 

 

OrT.

 

El Coronel Triste

 

 

 

Quizás no tuvo buenas noches,

solamente noches,

mirando el universo,

por la flor de una cerradura.

 

Una habitación vacía,

hay un cajón abierto,

lleno de oscuras soledades,

allí duerme y juega.

 

solo, sin nadie,

sin amigos,

su único conocido,

el tiempo peregrino.

 

Vestido de alegre coronel

el pequeño niño esta triste,

empuña sables de cristal

contra las hojas del otoño

 

que su alma llena.

 

Una tormenta su mente

inventa, y solo su voz,

arrastrada por el aire yerra,

se golpea en las paredes

 

y vagabundea por la tierra.

 

Su imaginación;

un misterio, una vela,

que el aire vuela

como en un incendio

de silencio

y se mezcla

con las lágrimas

que sin querer

caen como una lluvia

en primavera

sin que nadie le cante

sin que nadie la vea.

 

Solo en su cuarto

nadie le observa,

su suave sonrisa

desciende mal pintada

 

como hiel tierna

y cae en compañía

de las ventanas frías

de cristal de piedra

 

vagas y difusas

que no le dejan ver

tras ellas un jardín de flores

bellas naciendo entre la hierba,

 

y más allá las arboledas

moviéndose al viento,

se ríen inalcanzables,

de su pena.

 

Ay, pequeño coronel triste

 

que batalla y se pelea

a tajos en lances terribles

contra enemigos invisibles

y ejércitos de niebla.

 

El mundo no le espera,

siempre en su cuarto,

tiene con llave,

lacrada la puerta

 

y las nubes, a fuera,

 

se deshacen y se crean

rápidamente sobre el cielo

mientras él juega

solo, y triste, a veces al amor

 

y a veces a la guerra,

 

y cuando la noche

da paso al día del mundo

y una y otra vez

este se le niega,

encerrado tras las paredes

de su celda

 

a veces se ahoga

en su llanto y observa

por la flor de la cerradura

los pétalos de las estrellas

 

y se duerme, cansado

junto a su cancela

mientras pasan las horas

una a una, eternas,

 

solas.

 

Pobre coronel triste!

tan grande es tu pena,

como la sombra del hombre,

sobre un campo de rosas

aterradas y quietas

 

que ven venir las manos,

cual cipreses negros,

del verdugo

para oscurecer su belleza,

 

pequeño coronel triste

marchitando la tierra

con la que sueñas.

 

Dime, que ves

al mirar el universo,

por la flor de la cerradura de una puerta.

 

 

 

Ort. 2018

Tinta y lluvia

-I-

 

Como una abeja a la que roban la miel

y un soñador al que despiertan de golpe,

en un hueso partido, un alma torpe,

se esconde de la furia de la lluvia cruel.

 

Mira como diluvia, como caen en tropel

las estrellas mojadas que ha salido a ver,

rumbo a la tierra, decide entonces nacer

a la tempestad y fundirse con ellas, él.

 

y escribir

hasta que llegue el amanecer.

 

ingrávido se eleva,

después se deja caer…

 

 

-II-

 

Enterrado en la noche el sol caminante

y siendo el cielo un arrugado papel,

un llanto de plumas caídas en tropel,

inundan su corazón de parte a parte.

 

Rayos de tinta caen, negra pintan su tez,

colmando de luz sus dedos vagabundos

y con palabras iluminadas unos segundos,

hacen rebosar los tinteros una y otra vez.

 

Se encuentran ambas; para morir, o renacer,

labios lenguas, ojos, cuerpos: tinta y lluvia

juntas trazando lejos una melena rubia

mientras diluvia imaginación sobre la piel.

 

Ahora los truenos son compases

parpadeando en escaleras celestes

que llevan los versos bailando hacia él

 

y así le amanece

escribiendo sobre un hoy

que ha esculpido para siempre en el ayer.

 

 

Ort

Que los ojos sean

 

 

 

        Que los ojos

        sean los labios

 

        y los labios,

        el corazón

 

        y el corazón,

        el pueblo

 

        y el pueblo,

        el universo

 

        y el universo,

        la paz

 

        y la paz,

        el cielo

 

        y el cielo

        sin el velo

 

        de la tormenta

        y de los miedos.

 

        Los hombres libres

        las fronteras rotas

 

        las cadenas al hombro

        como fieras rosas,

 

        para que nuestros labios

        en un solo segundo

 

        sean los sabios

        de un bosque profundo

 

        y con los pulmones

        de la tierra

 

        y un amanecer rotundo

        arrojen con el viento

 

        las tinieblas,

        y las guerras del mundo.

 

 

                                  Ort 2017

Diálogo del poeta con la luna

 

            -I-

 

Escóndete, misteriosa

que nadie te vió nacer

y no te irán a empobrecer

ni el verso frío ni la prosa

con sus palabras.  A demoler

tu palacio de luz borrosa

vienen, con un pico y una rosa

sin saberlo, ¡ay!, sin querer.

 

Si solo con mirarte y ver

y reconocer en ti una diosa

toda la marea rumorosa,

sonámbula, te quiere coger.

Si el lobo, hasta el amanecer,

con su lengua pavorosa

te aúlla, y tú, una losa

de mármol blanco finges ser,

¡y no lo eres!, ¡tú!, ociosa

de jardines y tabernas

amante furtiva de poetas,

celadora de aquellos ojos

que yo siempre buscaré…

escóndete!

Cómo no van a manchar

tu blanca y lejana piel

si por amor los llevas

a los lechos y después

los dejas enloquecer!

Ay luna lunera,

¡Escóndete!, recoge

la sábana de estrellas

que dejaste caer

al desnudarte y vístete,

que sangra mi pluma

si desde la ventana me llamas,

y me dices, que me ves.

 

 

            -II-

 

 

Pero ella,

aquella navaja

afilada, blanca,

 

con su asta,

la carne del corazón

del poeta arrastra.

 

Y alzando su sueño

lo levanta

 

hacia el cielo

junto a su velo

del que él se agarra

 

Mientras ella

como una hechicera

Le habla…

 

 

 

 

            -III-

 

Luna Menguante

Luna nueva

Luna Creciente,

Luna Llena

 

Que te miran,

desde una almena,

como cuatro amantes

en una sola escalera

de caracol y marfil

de sonrisas y de pena,

esperando que aquí subas

a contemplar desde nuestros ojos

todas las semillas de arena

que esparcidas en la noche

solitaria

quedan.

 

Ven,

cierra tus ojos

y como las espigas

movidas sin aire,

solamente por amor,

como las estrellas,

sueña,

que seremos veleros

surcando los cristales

del agua apasionada de las riveras

 

deja la pluma,

mírame

ven.

 

Que la mirarás a ella,

a Elena,

esté donde esté.

 

 

 

 

ORT. 2017

El Ser frente a la nada

 

A Cernuda por A un Poeta Futuro

 

 

No quiero conocer al mundo

más que como una blanca nube,

alargada, a veces gris, que surca el cielo…

Entiendo tan poco al hombre,

que navego por encima de las cabezas

de los mil y un sueños que las pueblan.

y no vivo, tampoco sueño,

mas se lo grande que es el sueño de la vida.

 

No quiero conocerlo, aun así, lo conozco,

a veces bien, mal a veces, – arrugado corazón-

mientras caigo a los abismos más profundos,

en el infierno de los olvidos, de las almas

que revolotean como chispas

en el ocaso penitente de su tarde.

Tal vez ya he vivido, y el sentir se ha ido,

o es el frío de mis manos, de mis ojos

el que desata, apasionado la esperanza,

esperanza tan abrumada por la lluvia

y tan callada, y pálida 

que se cruza muda ante un caminar

a veces sereno, ávido a veces, y tan triste…

 

Yo no soy poeta, lo sé,

mas si soy una alargada sombra

difuminada, silenciosa y oscura,

finita y pequeña, frente al infinito espacio

una gaviota herida

frente al inmenso y basto océano,

que hace humilde, e insignificante

al más eterno y desesperado amor.

O quizás seré ceniza, ya crepuscular,

una mota de polvo ávida, o una semilla

que arrastre suavemente el viento

sobre un campo de verdes espigas.

 

Yo conozco al mundo,

dentro de mí lo siento;

siento unos pasos que se alejan

envueltos en recuerdos ya pálidos

que las manos intentan atrapar

mientras se desvanecen sobre los ojos 

y se evaporan,

fundiéndose en el celeste cielo,

siendo las nubes, crepusculares olas.

Nada soy,

al igual que un te quiero

fluyendo de unos labios a otros palpitantes,

rebotando como un sereno eco

que sale del corazón de una caracola  

hacia la nada

y se derrama sobre la arena del olvido

exiliada como una hoja

del árbol del sonido

hacia el silencio

hacia la inútil memoria

de unos ojos mirando al cielo,

perdidos…

en lento movimiento.

 

Que solo, que triste se siente uno

ante el mundo,

ante el callado firmamento.

 

Ort