El Coronel Triste

 

 

 

Quizás no tuvo buenas noches,

solamente noches,

mirando el universo,

por la flor de una cerradura.

 

Una habitación vacía,

hay un cajón abierto,

lleno de oscuras soledades,

allí duerme y juega.

 

solo, sin nadie,

sin amigos,

su único conocido,

el tiempo peregrino.

 

Vestido de alegre coronel

el pequeño niño esta triste,

empuña sables de cristal

contra las hojas del otoño

 

que su alma llena.

 

Una tormenta su mente

inventa, y solo su voz,

arrastrada por el aire yerra,

se golpea en las paredes

 

y vagabundea por la tierra.

 

Su imaginación;

un misterio, una vela,

que el aire vuela

como en un incendio

de silencio

y se mezcla

con las lágrimas

que sin querer

caen como una lluvia

en primavera

sin que nadie le cante

sin que nadie la vea.

 

Solo en su cuarto

nadie le observa,

su suave sonrisa

desciende mal pintada

 

como hiel tierna

y cae en compañía

de las ventanas frías

de cristal de piedra

 

vagas y difusas

que no le dejan ver

tras ellas un jardín de flores

bellas naciendo entre la hierba,

 

y más allá las arboledas

moviéndose al viento,

se ríen inalcanzables,

de su pena.

 

Ay, pequeño coronel triste

 

que batalla y se pelea

a tajos en lances terribles

contra enemigos invisibles

y ejércitos de niebla.

 

El mundo no le espera,

siempre en su cuarto,

tiene con llave,

lacrada la puerta

 

y las nubes, a fuera,

 

se deshacen y se crean

rápidamente sobre el cielo

mientras él juega

solo, y triste, a veces al amor

 

y a veces a la guerra,

 

y cuando la noche

da paso al día del mundo

y una y otra vez

este se le niega,

encerrado tras las paredes

de su celda

 

a veces se ahoga

en su llanto y observa

por la flor de la cerradura

los pétalos de las estrellas

 

y se duerme, cansado

junto a su cancela

mientras pasan las horas

una a una, eternas,

 

solas.

 

Pobre coronel triste!

tan grande es tu pena,

como la sombra del hombre,

sobre un campo de rosas

aterradas y quietas

 

que ven venir las manos,

cual cipreses negros,

del verdugo

para oscurecer su belleza,

 

pequeño coronel triste

marchitando la tierra

con la que sueñas.

 

Dime, que ves

al mirar el universo,

por la flor de la cerradura de una puerta.

 

 

 

Ort. 2018

Es un Océano

 

 

 

            Es un océano, la melancolía.

    Un cuaderno en blanco, abierto.

    Un gusano de seda hambriento

    nostálgico por la verde hoja,

    enterrado por el marrón presente,

    licenciado triste entre las mariposas.

    Es un océano, ese sentimiento,

    que arrastra cuanto toca

    hacia el corazón, y que se desboca

    en el recuerdo perdido de las horas.

 

    Es un océano.

    Un océano que en los ojos desemboca

    en los ojos, un océano

    interminable de sombras,

 

    una rosa que jamás se abre

    delirante y esclava

    del rojo carmesí de su tristeza,

    la melancolía, enamorada

    de la ceniza de la belleza.

 

    unos ojos náufragos,

    en un océano lleno de fantasmas

    y de tinieblas.

 

 

Ort      2015.

ELEGÍA AL VERANO QUE SE VA

 

 

 

 

habrán de volver por marzo

el rojo de los labios y las rosas

pero de momento ahora…

 

La melancolía echó su manto sobre la tierra.

 

En este abismo turbulento de lágrimas blancas

se refleja abatida la luna en largo luto negro.

Es un ojo, es un ojo inmenso,

el que mira,

encantado de fantasmas y de voces

de amores asesinados, calaveras

de corazones y esqueletos

de antiguos besos.

 

Sepultura, es este abismo de lágrimas.

Ataúd es, de un sentimiento.

De un sueño que se va,  de un aliento

que se cobra inmisericorde el tiempo.

 

Se lo ha llevado la muerte

entregando una corona de cardos plateados,

afilados por el crepitante sol de Septiembre

en su última flor de labios morados.

 

Se lo ha llevado ya

el implacable pasado.

 

Expirando el amor al viento

el ultimo eco, el verano,

que anda perdido ya,  por siempre

al rodar de la tierra encadenado.

 

Una mueca macabra de luces y sombras

espera a las seis a las calles con farolas,

y a las diez se adelantarán las madrugadas!

Y aullarán lobos a las doce, y amapolas!

 

Y atraerá octubre esa mirada mía

esa que está de la tristeza enamorada,

suavemente hacia las estrellas,

 

¡Brillantes damas del invierno heladas!

¡Altivas Carceleras en la noche,

y por el sol al alba sentenciadas…!

 

Habrán de volver por marzo

el rojo de los labios y las rosas

pero a un verano, Adiós, le digo.

Este no volverá jamás. En ti

poniendo el tiempo está

sus pesadas manos, como losas…

¡Echa a volar ya,

no sea que me valla contigo

y no vuelva a ver las mariposas!

 

 

 

orT.