El Hombre del traje gris

 

 

Un niño de sonrisas infinitas

dejó navegando un barco,

un velero de papel flotando

de costa a costa por aceras

anegadas de grandes lagos,

 

volando bordea calle abajo

piedrecillas, para él

islas misteriosas y perdidas

que se dejó la tarde

sin ahogar en marzo.

 

Volaba sobre el agua un sueño,

y sobre el sueño, los ojos del niño

en un destello blanco,

feliz, viendo navegar su barco

bajo la feroz luz del sol

que entre las bocas de las nubes

hacia el mundo se iba derramando.

 

Impulsaba los ecos de los vientos el aire

vadeaba los charcos salto a salto

fantaseando.

 

¡Quien amara así la tarde!

La lluvia mientras purificaba el asfalto.

 

Alcanzó velocidad

se alejaba calle abajo

casi despegando

 

¡Se fue!

¡Se ha escapado el barco!

Andaba el chico gritando.

 

¿Dónde fue?

¿Te ayudo a buscarlo?

 

El hombre del traje gris

que estaba mirando

le respondió agachado.

 

No se equivoque,

se fue de mis manos

como una paloma

volando,

que siempre fue libre,

Que nunca fue mi barco.

 

decía el niño.

 

Ha vuelto a las corrientes

y a los remolinos

de este mundo

¡Que están siempre  girando!

 

Y se echó a correr gritando

con su gran sonrisa

y sus brazos en alto.

 

El hombre del traje

se levantó,

se quedó pensando,

mientras la lluvia

atrapada en su sombrero

caía sobre sus hombros

deshaciendo en colores

el gris cansado de su traje parco…

 

Y la tarde continuó bordando

las nubes negras con los grandes charcos.

 

Ort.

 

So, when the day comes to settle down,
Who’s to blame if you’re not around?
You took the long way home
You took the long way home………..

Supertramp

 

 

Nana de Luna tierna

 

 

Algo acaba cuando algo empieza.

y cuando un sueño acaba con un sueño,

alguien en su olvido se despereza

en su lecho de flores onduladas

y doradas por el alma de la tristeza.

Y quien sabe si la vida es sueño

o es el sueño la vida cuando despierta.

Y quien sabe si los ojos que se cierran

y las manos que se abren, a la luna, lentas,

el brillo áspero del sol encierran.

Porque mi alma sabe de sus montañas

áridas, secas y desiertas

donde quedó tantas veces medio muerta,

pero algo escuchó también de la belleza,

pues se tumbaba en las cosechas

de trigo donde brillaban las estrellas

para oírlas hablar y hablar,

que son de las musas las sirvientas,

bandadas de pájaros en el cielo,

puñados de hojas silvestres

arrojadas a un universo, y quietas.

 

Rocío de la esperanza

que salpica las alturas mientras

empujadas por los vientos,

hilan con luz las alas abiertas

del náufrago, que ya en tierra,

ha expulsado el océano y despierta.

 

Por eso yo sé,

que es tierna,

¡Tierna! tierna…

la luz de los labios,

que me han salvado,

esa luz,

es ya para mi eterna

 

Son sus lunares,

esos astros

¡son luciérnagas!

 

Perlas

de alabastro

negras,

arrojando

luz,

a las tinieblas.

 

 

OrT.

 

El Coronel Triste

 

 

 

Quizás no tuvo buenas noches,

solamente noches,

mirando el universo,

por la flor de una cerradura.

 

Una habitación vacía,

hay un cajón abierto,

lleno de oscuras soledades,

allí duerme y juega.

 

solo, sin nadie,

sin amigos,

su único conocido,

el tiempo peregrino.

 

Vestido de alegre coronel

el pequeño niño esta triste,

empuña sables de cristal

contra las hojas del otoño

 

que su alma llena.

 

Una tormenta su mente

inventa, y solo su voz,

arrastrada por el aire yerra,

se golpea en las paredes

 

y vagabundea por la tierra.

 

Su imaginación;

un misterio, una vela,

que el aire vuela

como en un incendio

de silencio

y se mezcla

con las lágrimas

que sin querer

caen como una lluvia

en primavera

sin que nadie le cante

sin que nadie la vea.

 

Solo en su cuarto

nadie le observa,

su suave sonrisa

desciende mal pintada

 

como hiel tierna

y cae en compañía

de las ventanas frías

de cristal de piedra

 

vagas y difusas

que no le dejan ver

tras ellas un jardín de flores

bellas naciendo entre la hierba,

 

y más allá las arboledas

moviéndose al viento,

se ríen inalcanzables,

de su pena.

 

Ay, pequeño coronel triste

 

que batalla y se pelea

a tajos en lances terribles

contra enemigos invisibles

y ejércitos de niebla.

 

El mundo no le espera,

siempre en su cuarto,

tiene con llave,

lacrada la puerta

 

y las nubes, a fuera,

 

se deshacen y se crean

rápidamente sobre el cielo

mientras él juega

solo, y triste, a veces al amor

 

y a veces a la guerra,

 

y cuando la noche

da paso al día del mundo

y una y otra vez

este se le niega,

encerrado tras las paredes

de su celda

 

a veces se ahoga

en su llanto y observa

por la flor de la cerradura

los pétalos de las estrellas

 

y se duerme, cansado

junto a su cancela

mientras pasan las horas

una a una, eternas,

 

solas.

 

Pobre coronel triste!

tan grande es tu pena,

como la sombra del hombre,

sobre un campo de rosas

aterradas y quietas

 

que ven venir las manos,

cual cipreses negros,

del verdugo

para oscurecer su belleza,

 

pequeño coronel triste

marchitando la tierra

con la que sueñas.

 

Dime, que ves

al mirar el universo,

por la flor de la cerradura de una puerta.

 

 

 

Ort. 2018

Una noche en el Valle de los Caidos

 

 

 

Una noche en el Valle de los Caidos

 

 

Por sus catacumbas

anda la fecunda muerte

y con el hedor marchito

de pesadilla que la envuelve,

a los soldados

de sus tumbas

hace revolverse.

Rechinan sus dientes

y sus ojos se iluminan

salpicando con un torrente

de luz oscura las penumbras

turbadas del valle

bajo la luna creciente.

 

Las estatuas gigantes

parecen moverse

ante la brisa fría

envueltas en brumas sombrías

que la guadaña lunar

siega lentamente,

entonces, penitentes

se oyen sonar, opacas,

como en un lejano sueño

para los vivos que duermen,

las campanas espectrales

de la abadía de la alta cruz,

como cañones ardientes

llamando de nuevo a la batalla

en un destino sin fin de muerte.

 

Aquí no hay paz.

unos a otros

se disparan atrozmente

con fusiles nebulosos

que aúllan como lobos

y que a los cuervos

enlutados enmudecen.

De nuevo el hermano

contra el hermano lucha

sin recordar porqué,

sin acordarse de su suerte.

 

Dos ejércitos consumidos

en lo profundo de la tierra

de uniformes vencidos

por el moho en una guerra,

enseñando sus colmillos

recogen sus estandartes caídos

y en la noche se enfrentan,

como animales enfurecidos,

de rostro desencajado e inerte.

De entre todos ellos, uno,

en el fango frio

del monte lívido

y sangriento se yergue

corre aterrado,

pavor siente,

por estar condenado

al tormento

de repetir aquella batalla eternamente.

 

Las balas espectrales

cegadas por un odio fantasmal y ausente

contra él se vuelven,

veloces le atraviesan una a una

desde su seco corazón hasta su frente

y anidando en la locura

más profunda y salvaje de su mente

como descarnadas palomas mensajeras

le explotan en el alma y le hacen retorcerse.

 

Claman sus oídos silencio y clemencia

sus ojos cerrarse quieren

pero miran hacia el monte que sostiene

la gran cruz forjada por los llantos

de las viudas y las madres muertas

que le susurran, que con sus hijos

a por él vienen, solamente

 

Se arrodilla,

truena el cielo y las nubes

estallan fusilando la tierra,

preñada de dolor por la lluvia

que sobre el valle se vierte

se detona allá en las alturas

un relámpago sangriento,

en lo alto la alcanza,

y bajo él, la gran cruz se derrumba

y cae en medio millón de pedazos,

y en medio millón de serpientes

secas y negras se convierte.

 

Se acercan, sus lenguas

portan las matanzas, la sinrazón,

toda la crueldad de la guerra

y toda la crueldad del silencio

que tiñe de gris los campos verdes.

Despavorido, huye, se interna

para que no lo encuentren

en el páramo más oscuro

de la cripta donde se encierra

su uniforme seco y raído

con sus galones podridos

y su cuerpo arrugado e inerte.

 

Se encoge en el ataúd,

cierra la puerta y espera,

el silencio que viene,

es más terrorífico

que los aullidos

del mundo todas las fieras,

oye como todos los espectros

de los soldados llegan

seguidos de las sierpes

que a devorarle esperan.

 

Una luz cegadora entra,

la tapa vuela,

le agarran,

le sacan, le desgarran

y en un infinito grito helado

se consume su condena….

 

A la noche siguiente volverán

todos juntos a por su calavera

porque ya ha amanecido

Y ahora Lucifer le espera…

 

 

Ort

Tinta y lluvia

-I-

 

Como una abeja a la que roban la miel

y un soñador al que despiertan de golpe,

en un hueso partido, un alma torpe,

se esconde de la furia de la lluvia cruel.

 

Mira como diluvia, como caen en tropel

las estrellas mojadas que ha salido a ver,

rumbo a la tierra, decide entonces nacer

a la tempestad y fundirse con ellas, él.

 

y escribir

hasta que llegue el amanecer.

 

ingrávido se eleva,

después se deja caer…

 

 

-II-

 

Enterrado en la noche el sol caminante

y siendo el cielo un arrugado papel,

un llanto de plumas caídas en tropel,

inundan su corazón de parte a parte.

 

Rayos de tinta caen, negra pintan su tez,

colmando de luz sus dedos vagabundos

y con palabras iluminadas unos segundos,

hacen rebosar los tinteros una y otra vez.

 

Se encuentran ambas; para morir, o renacer,

labios lenguas, ojos, cuerpos: tinta y lluvia

juntas trazando lejos una melena rubia

mientras diluvia imaginación sobre la piel.

 

Ahora los truenos son compases

parpadeando en escaleras celestes

que llevan los versos bailando hacia él

 

y así le amanece

escribiendo sobre un hoy

que ha esculpido para siempre en el ayer.

 

 

Ort