Safo

safo

 

Quien tuvo la gran lira, lengua

de las musas, el laurel y las hadas

al servicio cristalino de sus pies

descalzos como la noche clara.

 

Quien tuvo en su pluma la gran nata

de fundir en los vientos la palabra

y enfrentarse al tiempo con la espada

de unas flores gigantes esculpidas en nácar,

 

escondidas pero ardientes,

en el corazón de las manzanas.

 

Quien fue libre, tú, tan adorada,

que hasta el mismo Aristóteles

ante tus versos humilló su rabia,

doblegándose a aquella voz tan alta

 

Safo, tú entre los poetas

tú entre todos los que gimieron

en volcanes de llanto sus alboradas,

la más grande estrella de todas las madrugadas.

 

Tú, que en un mundo cruel

lira en mano cantaste al amor

universal de dos cuerpos cualesquiera

que fueran que se amaran, tú.

 

Tú, la condenada, que por santa cruzada

quisieron enterrar a la luz de la llama

tu lengua sin saber que el fuego sonoro

lanzaría de nuevo al aire tu poesía descarnada,

 

cantada entre los astros y devuelta a la tierra

como un cometa aplastando su intolerancia,

 

llama que era alumna de la universal mirada

humana que acoge cuanto condenan

y que de las hogueras las sílabas rescata,

tú, Safo, eterna musa y Diosa de las almas

 

que caminan entre sendas de letras

esmaltadas de pureza libertaria,

de amor sin cuartel y de viva esperanza.

 

Porque venciste, porque eres universo.

Porque eres piedra en sus tijeras

y eres fuego en sus censuras secas

que arden incendiadas bajo tus palabras.

 

Tú, Safo de Lesbos, tu luz en gran cascada

estalla en los reinos abatidos del silencio

de los que quisieron sepultarte

y sobre sus tumbas ahora canta!

 

Ven ahora, desnuda con tu lira blanca,

eterna, y entre sus malvas versos planta!

e ilumina los amores del mundo

que son, en verdad, la única Tierra Santa.

 

Ort

 

 

Como la dulce manzana que se enrojece en la rama alta,

                                                                    alta en la más alta,

y se olvidaron de ella los recolectores de manzanas;

pero no se olvidaron de ella, sino que no pudieron alcanzarla.

 

                                                                                       Safo

 

Cinco poemas del libro Torres de La Mancha

               Que me escuchen

 

Que se apaguen los clarines

¡Que me escuchen!

Vientos, aires, flores.

¡Que me escuchen labradores!

Cielos claros como manantiales,

que tiñan de rojo amaneceres

¡Y como el mar pinta barquitos

en los ojos, cuelguen claveles!

 

Los jardines de las nubes

¡Que me escuchen!

y florezcan de violetas

¡Que me giren las veletas!

Guiándome de oriente hasta occidente

¡Que ya viene a segarte

el dios de poniente, cargando

en sus hombros, la bóveda celeste!

 

Pueblo llano y claro, ábrete.

¡Escucha mi corazón clamar!

Desde las montañas a los valles

¡Escucha a mi alma llamarte!

Que ya vienen los hombres

a robar tu aliento adolescente.

Las flores que derraman los amores

vienen a llevarse, ¡Tu corazón caliente!

 

Que ya vienen, que ya se sienten

¡Escúchalos juntos gritar!

Al son del cielo que sale y se esconde,

¡Al son del mar hecho cielo, que se rompe!

Y sobre tus pies augusto se muere

escúchalos llorar, reír, esperar…

Escúchanos juntos al alba soñar,

y míranos pacientes, caminar y caminar…

 

 

 

               El árbol y la Noche

 

Llora, la noche llora,

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas,

en los labios del alba.

 

La luna de nata clava,

envuelta en nebulosas

negras alas celestes,

a las altas esferas blancas.

Aguijoneada carne el cielo,

de luto y luz por los astros

viejos de las colmenas.

Partida y melancólica

el alma de la tierra;

por el árbol que se muere.

Por las hojas que le lloran.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

en sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Un árbol solitario

derrama soñando

otoñales bostezos

y en su vigilia los lamentos

se esparcen silenciosos, 

quietos.

Plata en sus sueños,

y en sus ramas veleros

navegando morenos,

de sus manos al cielo.

Oro en sus ramas, oro.

Las hojas ya cantan

disfrazando a los luceros.

 

Grita el viento, grita

y las campanas doblan.

En sus copas de hielo gira,

las ramas con plata adornan.

 

Llora, la noche llora

y el aire se levanta.

Se mueren las estrellas

en los labios del alba

 

 

 

              Tierra en primavera

 

Cuando te vea, vestida de verde

mi piano levemente mecerá

a la marea de la tarde clara,

mecerá las estepas,

y su alma en aras.

y nacerá todo cuanto la tierra emana.

 

Cuando te canses de los yugos

y vuelvas a bailar la noche entera,

cuando la luna sea el sol

y con él, tu sonrisa las estrellas.

 

¡Sí! ¡Cuando brillen las estrellas,

y me eleves contigo a ellas!

Que ya volverás a ser morena

en otoño, entre las eras.

 

Cuando vuelvan los amigos

y renazcan los amores.

¡Cuando resurja el pueblo vivo,

de la Mancha, de los labradores!

 

 

 

               Torres de La Mancha

 

Tres torres soñolientas

alzadas sobre el horizonte,

señoras de un castillo

que contemplan la eternidad.

Observando mil soles

que desbordan los amaneceres,

llorando

junto a un millón de corazones,

que por su Mancha caminan,

que por tu Mancha sueñan.

 

Tres Torres,

como tres caballos desbocados

blancos como la luna

que a la noche sus tristezas cantan

soñando, por los campos

de trigo, sangre y vid.

Perdidos como lagrimas del cielo

por los nostálgicos caminos

donde anduvieron pastores

guiando las ilusiones 

de un pueblo que calla sediento,

y gime olvidado.

 

Mancha de carrascas

de pinos y de almendros

donde florecen atardeceres

más que solitarios, eternos.

Donde los horizontes

nacen en la tierra

y expiran más allá de los sueños,

donde las estrellas vuelan y navegan

hacia los campos, que se hunden

en el fondo del universo.

 

Mancha humilde

Mancha linda y hermosa

de verdes primaveras

y largos letargos del otoño

Mancha donde mi corazón nació

Mancha de niebla y bruma

Mancha muerta,

y tan solitaria.

 

No son sus oficinas,

ni sus ciudades, ni sus carreteras,

Son sus pueblos olvidados,

y sus calles polvorientas.

 

Es el silencio de sus iglesias

con sus campanarios

mudos y atormentados.

son sus campos de tristeza

es su alma olvidada y muerta.

 

Son sus caminos encendidos

de lágrimas y amapolas.

Son sus raíces perdidas

en los cementerios como rosas dormidas.

 

Son sus viejas casas vacías

son sus batallas perdidas

Que aun así vencen al tiempo,

todavía sobre mi corazón.

 

¡Hay, corazón de la España silenciosa!

del pensamiento callado y recogido.

Por tus campos olvidados

cabalga la melancolía,

por tus pinares abandonados,

envueltos en jirones de niebla,

sueña mi alegría.

 

Sobre el Guadiana, y el Júcar,

Pueblo del sol tierra mía,

tu por siempre

su nombre arrastrarás.

 

¡Tan finita es la mente,

tan universal es mi Mancha!

Que mis ojos a los suyos

a mirar todo no alcanzan…

 

 

               Epilogo

 

Tres torres que son molinos

guardando el trigo de muerte herido

tres torres, que son segadores dormidos

soñando a su tierra, entre el grano molido.

 

¡Yo me voy con ellos, es mi destino,

dormir entre sus campos verdes y amarillos!

 

 

OrT   2009

 

Certezas

 

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Como aman los planetas  

a sus estrellas, en danza  astral,

atrayéndose como dos lenguas.

Como atraviesa la luz eterna

el camino oscuro del espacio

hasta hallar sobre la tierra

unas amapolas que recojan

como labios, entre el trigo,

reinas, de los astros la belleza.

Cayó en mi alma esa certeza

como un puñado de semillas

que el viento suave  esparce

y hacia mi corazón las lleva,

una verdad sonora sin ausencia,

un amor eterno que silencia

las heridas de la vida, borrando

con su abrazo caliente la tristeza

iluminando tus besos

como si hogueras fueran

por completo la noche

oscura

de mi existencia.

 

              Ort

 

 

                                     Te quiero Elena,

                                     Mi eterna estrella,

                                     mi precioso astro,

                                     que tanto me iluminas…

 

 

Pd: Cuadro pintado por la gran María José Bonillo, que allá en las estrellas sigue imaginando astros.

Libre

libre

 

 

Escribirte me hace libre,

como un pájaro, libre,

como los ojos

soñando bajo los párpados.

Libre, como la lluvia

que cae a cántaros

desde el cielo, tan rubia

al atravesarla la luz

de los relámpagos.

 

Libre

como un caracol que duerme,

bajo la sombra de los álamos

y sueña alzarse sobre el viento

y volar sobre el aliento

de la luz que cae del firmamento

como rocío sobre los páramos.

Libre como un pájaro,

así es como me siento.

 

Pues son tus besos las tormentas

que anegan de poesía los desiertos

de los versos de las noches frías

de mi corazón sediento.

 

Ort

Una Sinfonía entre las olas

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               Misteriosa vida

               que se hace la dormida

               mientras enamorada derriba,

               sin que la escuches,

               las ruinas con los soles

               y con los besos las heridas.

 

               Anda prendiendo fuego a las cenizas

               en esta lumbre de deseos que arde

               con sus calientes lenguas amarillas,

               cuando de la noche retorna a la tarde

               y de la tarde a la mañana recién nacida

 

               Cuando el sol que vuelve

               de nuevo a salir por el Este

               ya devora a la luna que eclipsa

               una profunda felicidad que brilla

               ahora sobre nuestros ojos

               más allá de todas las dudas

               y con los sueños reales del amor

               anegando el océano de vida,

               de corales que en coros cantan

               entonando la canción más linda

               para que las olas en sus crestas

               la lleven como una flor sonora

               hacia todas las playas del mundo

               para dibujar en sus doradas estolas

               de millones de granos de arena fina

               las marcas astrales de tus labios

               llegando en una alegre comitiva

               espumosa que hace curvarse las orillas

               reescribiendo una y otra vez las sílabas

               de ésta sinfonía que empieza

               con el roce de tu alma sobre la mía.

 

 

                              Ort

 

 Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche,

nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti.

Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,

nunca sabré en qué viento llegó este querer…