A mis treinta

 

 

 

Nací a las puertas de la primavera

con un invierno infinito en mi corazón

esperando a que la luna partiera

las nubes oscuras como un galeón,

y con su espolón, como una relojera

de luz, en hora las amapolas pusiera,

 

Convirtiendo el negro en rojo,

esparciendo mi alma como avena

en la piel de los campos de la tierra.

 

Crecí bajo las carrascas y los mares

que gritando libertad susurraban miserias.

Te besé entre espumosos manantiales

que no pararían si la muerte lo impidiera,

y en el más allá solo polvo seré

solo polvo quizás, pero sin pena.

 

Que bien valen una vida tus ojos

marrones, que me llaman

como llaman a los marineros las sirenas.

 

Bien valen una vida entera

para soñarlos después dormido

durante toda la noche eterna.

 

 

Ort

Mi cafetera caliente

 

A mis cafeteros, que sois muchos…

 

 

 

Silva feliz mi cafetera, canta

como una sirena vieja y plateada

al filo ya de la media noche

humeante ante la madrugada

bajo el  cielo raso y brillante

su vapor asciende, -mis alas-

a ella se le escapa de los labios el café

y como la vía láctea  

lo salpico yo de leche condensada

 

Pequeñas sonrisas de la vida

que endulzan las estrellas claras

bajo el cristal caliente de la luna blanca

es sin duda ese… el aroma del alma.

 

En las pequeñas cosas

esta siempre el universo,

siempre.

Con un sencillo beso

me lo dijo mi sirena,

mi cafetera caliente…

 

Su vapor en espiral  ascendía

con mis ojos,  ante la noche,

disfrazado de caracol celeste.

 

 

Ort

 

Al Vino

 

En el vino (está) la verdad.

Platón

 

Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo.

Pitágoras

 

 

 

Estoy de vuelta.

He llegado.

De las tierras donde el amo

es el silencio.

Y vengo

para quedarme.

He escuchado derramarse

un susurro solamente,  

pero me ha bastado

para abrir los ojos

y me he sentido bien.

Me ha sentado bien

abrir la boca y respirar

y dejar caer dentro de mí el mar.

Estoy de vuelta.

 

La noche es una fulana vieja

y la luna,

una gitana de papel de servilleta

que de la mano del humo

nublado de una taberna

quiere aprender a bailar,

chatos de vino cobra

y una barra de bar, por recital.

Primero lo saborea la lengua,

después el paladar…

Y al final de la noche

sobre algún amigo,

en algún lugar,

saltando de labios

y bocas sonrosadas

lo escuchará el amanecer cantar…

 

¡la vida son dos días,

o dos tragos, nada más!

¡Decirle adiós a esta noche,

y saludad!

¡Que hebria de alegrias…

se nos escapó por siempre ya!



Ort

 

El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.

Pablo Neruda