La Manzana

 

 

 

Carece la noche malva de manzanas.

el verde se ha tornado negro

y el negro asesinó a las hadas

 

el bosque, eternamente dorado, guarda

sobre un otoño de hojas secas,

cenizas, de una luna en calma

 

y la arena del reloj de la ventana

que no es futuro si no plata

se derrama a los pies del alma

 

se pierde en la penumbra verde,

recogiendo la luz blanca.

 

ahogada en la furia triste

y desnuda la rama amarga,

 

ha entregado su fruto al sol,

su enferma manzana, al alba.

 

Ort 2010

Nos vemos en los sueños

 

Nos vemos en los sueños,

allí donde el tiempo es ámbar,

congelando los besos.

Donde las nubes

son mármoles ligeros,

bellos, que rozan blancos

la inmensidad de los cielos.

 

Donde los ecos son fuentes

y las fuentes gargantas

y las gargantas desfiladeros

por donde caen los torrentes

espumosos de los ecos,

de los ecos,

del roce de nuestros cuerpos.

 

Nos vemos en los sueños

donde hay bosques azules

y la tierra es un bosquejo

de luciérnagas que la trazan

al elevarse brillantes

dibujando un lucero

que encuentra su órbita

recta en la almohada,

de tus labios entreabiertos  

a los míos, quiméricos,

que no dejan de buscarte,

mientras duermo.

 

Y en esa patria sin tiempo

te abrazo hasta morir

para renacer al abrir los ojos,

cerrarlos después,

y como cayados ciegos

hundir mis mejillas y mis dedos

sobre tus quietos cabellos

 

y así dormir

dormir hasta que parta de nuevo

ese verde velero

que navega sobre un espejo

donde flotan

como eternos jardineros

de olas nuestros cuerpos.

 

 

                                            Ort 20/16

La luna más negra

Hipatia-de-Charles-William-Mitchell-1885

 

Desde su frio balcón, la Luna,

que mecía en su arqueada cuna,

ahogada en sangre, los astros,

callada, sobre una negra laguna,

se quedó triste, en la penumbra

cubriendo su piel con alabastro.

Lloraba seca sin lágrima alguna

aquella noche de luto infausto

en la que se veló con la bruma

por no ver en la tierra el rastro,

la sangre pura tornada oscura,

derramada sobre los peldaños

de un templo que fue de sabios

de verdugos ahora, de fanáticos

donde un cuerpo muerto yacía

entre los papiros calcinados

 

Arrojado sobre el viejo mármol

seco como un arroyo, un llanto        

se esparcía pesado como el oro.

Unos ojos preñados de espanto

vueltos, desbocados, blancos

anegados sobre un rojizo charco

miraban, quietos el cielo negro

con el que soñaron tiempo largo.

El viento corría entre los pasillos

abandonados y todos los luceros

por no querer contemplarlos,

invocando al aire se apagaron.

 

Aquella filósofa, astrónoma de luz

de constelaciones brillantes

que se dedicó a amar enseñando

las esferas errantes del espacio,

Aquella por quien iban a Egipto

viajando por el mundo los sabios,

última antorcha del saber clásico

último reducto de la luz milenaria

que tantos pensadores fraguaron,

fue asesinada en uno de los días

para la raza humana más aciagos

Entre vejaciones insultos y palos

por una ciudad cobarde la llevaron

callada, quieta que veía, que sentía,

como algo dentro de sí moría

y en las ruinas ya olvidadas

de la biblioteca de Alejandría,

Santuario del saber, que es la luz,

y que en la oscuridad sucumbiría

sin ninguna piedad la desnudaron,

y con grandes conchas marinas

atrozmente la descarnaron, viva,

mientras el cielo se desplomaba llorando

y la razón y la luz desaparecían.

 

Aquella turba que emanaba odio

y saña era comandada por Cirilo,

implacable obispo que condenaba

todo cuanto desconocía y negaba

fanático que jamás permitiría

que una mujer, y menos pagana,

se elevara sobre los misterios

y quisiera comprender la noche

el alba, que fuera libre y que volara

sin yugo y sin cadenas que la ataran

al terrenal mundo que él tutelaba

pero el eterno cielo está reservado

para los que saben mirar alto

para los que han de soñar los astros

y cuanto se perdió con ella…

cuanto…

He aquí la condición humana,

a ella la devoró el olvido

mientras que al otro lo hicieron Santo

y hoy su legado está perdido

en las entrañas oscuras del pasado.

 

Y así la luna, hincada de rodillas

sobre el cielo llorando

entonaba una nana de quebranto

intentando dormir a las estrellas

huérfanas, deshaciéndose del blanco

y enlutando su brillante manto

mientras de la tierra se iba alejando

llena de vergüenza,

sosteniendo a Hipatia muerta

entre sus tiernos brazos.

 

Callada, sobre una negra laguna,

se quedaba triste, en la penumbra

cubriendo su piel con alabastro.

 

 

                                                    Ort

Safo

safo

 

Quien tuvo la gran lira, lengua

de las musas, el laurel y las hadas

al servicio cristalino de sus pies

descalzos como la noche clara.

 

Quien tuvo en su pluma la gran nata

de fundir en los vientos la palabra

y enfrentarse al tiempo con la espada

de unas flores gigantes esculpidas en nácar,

 

escondidas pero ardientes,

en el corazón de las manzanas.

 

Quien fue libre, tú, tan adorada,

que hasta el mismo Aristóteles

ante tus versos humilló su rabia,

doblegándose a aquella voz tan alta

 

Safo, tú entre los poetas

tú entre todos los que gimieron

en volcanes de llanto sus alboradas,

la más grande estrella de todas las madrugadas.

 

Tú, que en un mundo cruel

lira en mano cantaste al amor

universal de dos cuerpos cualesquiera

que fueran que se amaran, tú.

 

Tú, la condenada, que por santa cruzada

quisieron enterrar a la luz de la llama

tu lengua sin saber que el fuego sonoro

lanzaría de nuevo al aire tu poesía descarnada,

 

cantada entre los astros y devuelta a la tierra

como un cometa aplastando su intolerancia,

 

llama que era alumna de la universal mirada

humana que acoge cuanto condenan

y que de las hogueras las sílabas rescata,

tú, Safo, eterna musa y Diosa de las almas

 

que caminan entre sendas de letras

esmaltadas de pureza libertaria,

de amor sin cuartel y de viva esperanza.

 

Porque venciste, porque eres universo.

Porque eres piedra en sus tijeras

y eres fuego en sus censuras secas

que arden incendiadas bajo tus palabras.

 

Tú, Safo de Lesbos, tu luz en gran cascada

estalla en los reinos abatidos del silencio

de los que quisieron sepultarte

y sobre sus tumbas ahora canta!

 

Ven ahora, desnuda con tu lira blanca,

eterna, y entre sus malvas versos planta!

e ilumina los amores del mundo

que son, en verdad, la única Tierra Santa.

 

Ort

 

 

Como la dulce manzana que se enrojece en la rama alta,

                                                                    alta en la más alta,

y se olvidaron de ella los recolectores de manzanas;

pero no se olvidaron de ella, sino que no pudieron alcanzarla.

 

                                                                                       Safo

 

Certezas

 

espacio-maria-jose

 

 

Como aman los planetas  

a sus estrellas, en danza  astral,

atrayéndose como dos lenguas.

Como atraviesa la luz eterna

el camino oscuro del espacio

hasta hallar sobre la tierra

unas amapolas que recojan

como labios, entre el trigo,

reinas, de los astros la belleza.

Cayó en mi alma esa certeza

como un puñado de semillas

que el viento suave  esparce

y hacia mi corazón las lleva,

una verdad sonora sin ausencia,

un amor eterno que silencia

las heridas de la vida, borrando

con su abrazo caliente la tristeza

iluminando tus besos

como si hogueras fueran

por completo la noche

oscura

de mi existencia.

 

              Ort

 

 

                                     Te quiero Elena,

                                     Mi eterna estrella,

                                     mi precioso astro,

                                     que tanto me iluminas…

 

 

Pd: Cuadro pintado por la gran María José Bonillo, que allá en las estrellas sigue imaginando astros.