Pasaje Nochero

 

 

 

 

A una palmada

 

caen los astros

y bajo las alas

de una paloma

de media luna,

por callejones

donde las velas

de los balcones

nada alumbran,

bajan a posarse,

cuelgan figuras

de sus sombras

cual sombreros

para las musas

que desnudas

por las calles

invocan ebrias

en la penumbra

de los portales,

de astros la furia

estrellada de la lluvia.

 

Que los luceros

blancos, caídos

 

brillen y refuljan,

su danza no pare,

 

y los faroles,

que la belleza

con su luz denuncian,

 

lloren enamorados

de sus melenas rubias.

 

Que rocen con los pies

las margaritas tristes

 

de las aceras oscuras,

y como las antorchas

 

se enciendan febriles,

y alcancen con sus dedos

las olímpicas lagunas.

 

 

 

 

Ort. 2018

Cinco Años

Pegasus


 

Vuelve a pasar el planeta

por donde hace hoy cinco años

lo quiso detener un beso.

Se alinean las constelaciones

las mismas, las tuyas y mías

evocando un mapa de deseos

por el que cruza ahora la Luna

ansiosa por que se unan tus ojos

a la danza de los astros y los luceros.

 

Al oído te las voy a ir nombrando

siquiera sea por consumir tiempo

entre mis labios enamorados

y tu oído presto a las noches inmortales

donde mora siempre la imaginación

 

En lucha contra la serpiente Hidra

tienes a Hércules, inmortal guerrero

y al caballo Pegaso, con sus alas

sobrevolando blanco el negro cielo.

La corona Borealis de la diosa Adriana

hija de Minos, abandonada por Teseo

y la vanidosa Casiopea, hija del rey Cefeo

esclava de su silla y su pluma, su trofeo

su hija Andrómeda, Galaxia enorme

y la mujer más bella del monte Olimpo

donde duermen los dioses griegos.

Cerca esta su amado y noble Perseo

asesino de Medusa e hijo del Dios Zeus.

Vega brillante sobre la Lyra de Orfeo

convertido en cisne y allí arriba

la Osa Mayor, la cual guio a Ulises

desde Troya hacia Ítaca por el Egeo.

Y allí, centelleante, la leche derramada

del pecho de la Diosa de Diosas Hera

y que no es más que una enredadera

de millones y millones de lejanas estrellas

 

Y el Escorpión y El Águila

y con la Estrella Polar, la Osa Menor

que marca siempre el norte

y ha de velar el sueño del amor

más otros tantos millones de astros

que nos miran desde el hondo

océano eterno de la noche

y que vendrá a azularnos el Sol…

 

Y así pasen cien años más

abrazados tu y yo,

mirando al firmamento

desde este humilde balcón

al que llamamos tierra

entre besos y leyendas,

y cuando caiga el telón

miraré yo esos dos luceros

que por ojos llevas

pues no hay cielo más sublime

ni más hermosa constelación.

¡Pero cuánto pierde el mundo si los cierras!

 

 

 

 

Ort.