Un observatorio abandonado

 

 

Allí, un observatorio abandonado

en la cima de la montaña más alta

con su cúpula girada por el olvido,

veleta quieta del sueño perdido

del hombre que dejó de mirar

a los cielos agujereados y ardientes

para arrastrarse perdido

ante la amargura de su suerte.

 

En ese espacio de ladrillos hundidos

en el suelo en deshojados remolinos,

fantasmas astronómicos abatidos

la triste música del eco silban

al viento como ángeles caídos

un llanto de abandono miserable

por sus rincones sin vida, vacíos

como esqueléticos ladridos

de lobos de boca quieta y seca

proyectada al infinito,

sobre el rumor de la nada

mientras pasa la luna blanca

sin nadie que la mire

sin nadie que le escriba,

porque ya nadie le canta.

Ella pasa,

rozando la cúpula abierta y ajada

de la burbuja de hierro

corrompida por la lluvia y el frio

ahora invernadero de las plantas

que hacia su herida escalan

buscando la luz

que a la humanidad le falta,

sin nadie que la advierta,

solamente los grillos,

los caminos de astros

y las luciérnagas.

 

¿Dónde está la quimera

que alimentó la voz

del saber y su esperanza?

Donde los ojos del hombre…

Aquí solo retumba un eco,

un eco,

su voz, lejos,

se ha perdido,

presa de las cadenas

impuestas a sus pupilas

que han de doblar las rodillas

al destino ingrato

del ser esclavo de sus huellas,

aquí, en la tierra,

siendo hijas

de las estrellas.

 

Duerme el observatorio

en una pesadilla de silencio

con sus telescópicos nidos

entre el rojizo metal roído

mirando al firmamento

en su sepulcro de olvido.

 

 

Ort  2017.

Preguntó

 

 

 

 

Preguntó a su alma sobre el Presente.

Ella le respondió,  mientras extendía su mano

sobre un libro de bellos poemas…

-¿Felicidad?

Cualquier tiempo pasado, fue mejor…

 

Preguntó a sus sueños sobre la Felicidad,

ellos le respondieron…

-Las sonrisas, la felicidad,

siempre las encontrarás

en aquellos, los buenos momentos.

 

Preguntó a su corazón sobre el Amor…

y su corazón enmudeció. Sus ojos lo miraron.

No respondió. Su mirada se hizo escarcha.

Estaba en lo más profundo de su ser ajado.

Solamente asintió, y llorando con él,

la tristeza mordió su carne.

 

Pues la esperanza le fue robada

tampoco su felicidad fue perdonada,

mientras en sollozos su corazón le decía…

– El amor para mí

fue ver aquel deseado sol humilde,

que un día, entre penas y alegrías vi nacer

sobre un atardecer, pálido,

y profundamente gris,

entre quimeras, realidades y nostalgias gritar y morir…

 

Sobre la tarde, y en aras de un sueño

fue a buscar a un Atardecer

para y por el Sol preguntar.

Él le respondió con ternura

mientras lo miraba…

– Tarde o temprano morirás como él,

y como yo.

Tu sonrisa se apagará

y tu alma, desde los cielos

a una vida pasada deshaciéndose amará…

 

Después preguntó a la Muerte

sobre ella, su ternura y su mirada.

Le respondió,

mientras alzaba su voz al horizonte…

-No mueras por ella, ya que

ella nunca moriría…  ¡Jamás morirá

algún día por ti!

 

Y nada más añadió.

 

Buscó a las Nubes, negras, crueles…

para preguntarle sobre sus eternos llantos.

y ellas, fijas sus miradas a la tierra,

a la que con su manto de lluvia espoleaban

le respondieron…

-No llores por ella

pues ella… nunca llorará,

ni lloraría jamás… ¿Por ti?.

 

Y siguieron bañando el horizonte,

afilando punzones de hielo

en las alturas, diosas de la tormenta.

 

Fue a buscar a la Noche

que sostenia la luna entre sus manos

para preguntarle sobre la oscura soledad.

Su alma era ya una condenada,

presa del dolor en una cárcel triste,

estaba tan cansada…

Ella le respondió;

– Ten esperanza, pues aun en mis tinieblas

la luz del sol que esquiva ahora tu mirada

en la luna de mi pecho siempre se refleja,

brota verde y negra y es candela,

es el calor… de mi morada.

 

Y tras bastante errar

para una respuesta encontrar

fue a preguntar, sobre el Amor a la Verdad…

Y ella,

dolida,

y desconsolada

Pero a la vez tranquila y sosegada

Sonriendo triste respondió…

 

Todo es mentira en este mundo.

Manuel,

Todo es mentira, la verdad.

 

Nada más ella añadió,

Nada más pregunté yo.

 

 

 

Una vez hice un viaje largo. Una de esas veces en que nos agarra la nostalgia, y en busca de una verdad, en el océano de nuestros recuerdos nos sumerge. Estas palabras son hijas de aquel momento y esclavas de su sentir.

Ahora con los años vuelvo a leer estos versos y una sonrisa brota del fondo de mi alma… entre tanta oscuridad allí estaba. Bajo esas rotas y doloridas palabras había un rayito de luz de luna, reflejo de que aun – y siempre- cabía la esperanza.

Ahora, pasados los años, me doy cuenta de que fue aquel tenue rayo de luz y aquella esperanza rebelde y amotinada la que me salvó… de un mundo a veces cruel y sobre todo de mí mismo.

 

 

Ort.

Apología al Vago

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A todos los tíos perros que conozco, que son muchos… jajaj

 

 

          Tan lento como la brea al caer de una rama

          esa es mi prisa, mi estado de más calma…

                                                               Rafael Muñoz

 

Sangre, dice mi madre,

que no tengo,  a veces…

corriendo por mis venas.

-paciencia, calma, espera,-

Le digo.

ahí tienen

esa ciencia tan sutil.

y vuelvo a mirar

no se adonde ya,

Con sonrisa risueña

rauda y gentil…

 

A veces

soy tan vago

como un hombre

en el purgatorio.

que solamente

tiene que rezar,

para salir,

pero como no le da la gana,

no lo hará…  

hay que ser vago,

pero en fin…

 

Y así…

como excusa…

me abro una cerveza,

y al torrente

de las motas de polvo

de la habitación

vuelvo

con los ojos

a partir…

                                                   Ort