La margarita negra

 

 

Un cuerpo muerto

en un cementerio de claveles

donde florecen calaveras

es mi amor

que va llorando

tocando con los dedos

las adormideras

y desde un desierto de cariño

donde me hallo,

escribo,

aquí

donde únicamente crece

una margarita

por entera negra,

sobre la tierra

patria vacua

del poeta.

 

He de regarla

con las lagrimas

de mi tristeza

para que no se me muera,

para aliviar mi pena,

y calmar mi dolor

que se enreda

buscando la luz

como un blanco girasol

en una oscura senda.

 

                  Ort

Érase una vez…

 

Érase una vez

la literatura al revés,

un Quijote coronado

con reinos a sus pies,

un don Juan fracasado

huraño, viejo y descortés.

Enamorando a París, Erik,

el gran tenor francés

y con la calavera de Hamlet

Ofelia, a la sombra de un ciprés

 

Érase una vez

o las veces que se quiera ser…

Un principito triste

encarcelado por querer saber.

Héctor, victorioso en Troya,

Aquiles desterrado a pié,

Samsa con alas de paloma

volando bajo el cielo vienés

y Sherezade degollando al sultán

a las mil y dos noches, harta ya de él.

 

Frankenstein conversando

sobre ciencia en los cafés,

Alicia borracha y tatuada

por las calles de Manhattan,

y Grey en el infierno, como debe ser,

Como arde! Que delicia de imaginar

y casi ver…que gozo Sanchos del mundo!

Que placer!

 

Que humilde placer!

soñar a Cyrano enamorado!

y a Momo anciana

oliendo las flores eternas

de los labios y los besos!

en fin, devorar obras,

que son verdadera miel.

 

Podría seguir así

hasta el amanecer, si me dejan,

pero no sería menester.

Cojan un libro. Atrévanse,

para jugar, hay que leer,

y yo quiero volver,

a Macondo una vez más.

¡Volar con Dante!

¡Escuchar el aullido de los lobos

por el camino que lleva a los Cárpatos

o irme a navegar, con el viejo aquel,

en una barca, yo, el mar y él

 

y así endulzar la tragedia

que es siempre,

amigos míos,

la que es.

 

Quizás nos creó el universo

para imaginarlo y después

creamos nosotros la literatura

para soñarlo del revés

 

Quien sabe!

vayan ustedes a saber

lo que fue una vez…

 

 

 

A la más empedernida lectora que jamás conocí

y que tuve por infinita suerte, que fuera mi Madre.

 

OrT.

 

Fábula del Sueño la Fantasía y la Muerte

jii

 

                                       A la Gran Literata y mejór amiga,

                                       Dulcinea de los almendros de la Mancha

 

 

La Fantasía va vestida de jinete,
la Muerte vuela rozando las flores
y el Sueño niño en sus amores
anda distraído,
pintándole besos a los labios viejos
de los troncos de los árboles.

 

La primera se desnuda,
la otra se estremece,
el Sueño en sus manos blancas
una herida abierta tiene,
ha ido a tocar su ombligo de luna
y no ha querido la muerte.

 

Al dejar caer su camisa
ha despertado a todo el bosque
la Fantasía que cabalga
con sus cabellos de espigas verdes
meciéndose como las hojas en el aire
por donde pasa un arroyo respira,
una nube enorme crece
y ahora es el bosque entero
el que sacude con su canto
al cuervo negro, sombra negra
de la negra muerte.

 

Pájaros y margaritas se vierten
de la herida del Sueño niño
que no deja de mirar el ombligo
de la Fantasía, que ahora es una fuente
de deseos, parecen arder las estrellas!
y sus cabellos… sus cabellos,
en esta mañana de acuarela silvestre.

 

De sus pies hasta su frente
coronada por la fina melena
nebulosa más allá de las auroras
terrestres, el niño Sueño quiere tocar
sus cabellos como las nubes de Júpiter
que sobre sus hombros se rizan
y acariciándolos se duermen,
las pequeñas luces de luna
de su espalda y con sus labios
abrazarse a su boca para siempre

 

Quiere ser un niño!
enamorado eternamente!

 

el Sueño, de la Fantasía,
sin la muerte.

 

 

 

           Ort  04-015

Vigo II

 

                                     A mi Laura

 

 

                         IV

          Torres sobre el Duero

 

                             Oporto

 

Cipreses barrocos como altos alfileres

clavan su aguijón sobre  el cielo  tinto

que ha caído al Duero dolorido.

Al acercarse al mar su destino de muerte

recogen con sus redes los marineros

las lágrimas glaciares de sus pajarillos.

 

Sombras de torres de enredados claveles

en el espejo oscuro reflejan candelabros

que no dejan dormir al río

ni a sus peces cuando las góndolas

navegan abriendo los caminos,

enviando ondas a los meandros, un latido

que devorará el océano impasible y frio.

 

Rosas entre pedregales y escaleras eternas

hacen de la ciudad borrones celestiales

trazados por los dedos de sus niños

con la miel de los astros que se han hundido

sobre los callejones, como fósiles de caracolas

centenarias expulsadas de la tranquila ribera

del rio, con su juventud en las montañas

y su calavera llena de granos de flores ámbar

en la playa donde el viento las vuela en remolinos,

moldeadas por la lengua espumosa de las olas

que las roba mar adentro,

hacia los corales y los sueños submarinos.

 

Me rompen el silencio,

los alaridos roncos de las ambulancias

Oporto o muere o respira

o grita su desdicha o canta su alegría

y es en los cristales de mi balcón

donde tirita.

 

 

                              V

         Noche bajo la lluvia de Vigo

 

Con la noche aprendí a ser un fantasma,

literalmente. Enseñé a dormir al silencio,

bajo la lluvia que martilleaba los tejados

aprendí a ser su olor su sonido y su calma.

Un oyente respetuoso del sueño ajeno

que silva bajo las puertas hasta el lucero del alba

entre las sabanas y las almohadas,

entre los libros cerrados y los besos que dejaron

las gotas de lluvia en el aire para mañana.

 

 

                    VI

              Lavacolla

 

Desde la colina de los peregrinos

que mis ojos tristes visten de despedida

mi corazón te dice adiós

adiós, adiós, adiós!

desde los bosques verdes

conquistados por los eucaliptos.

 

Me voy volando sobre las nubes

dentro de un pájaro de hierro blanco.

He dejado aquí mi olvido

para que no regrese conmigo.

pues quiero recordarte

a ti siempre,

cuando cierre el sueño mis parpados

y hasta las estrellas se hayan dormido.

a ti siempre.

miel de mi tristeza

luz de mi camino.

 

Brilla ahora

no dejes al sol reírse

y a la luna decir que me has perdido

que yo siempre vivo

dentro de tus labios

como los cerrados lirios

germino cuando me nombras

y cuando sonríes respiro.

 

y no llores amor mío,

que tus lágrimas son la alcoba

donde se quema lo que escribo.

 

 

 

Ort. 015