Certezas

 

espacio-maria-jose

 

 

Como aman los planetas  

a sus estrellas, en danza  astral,

atrayéndose como dos lenguas.

Como atraviesa la luz eterna

el camino oscuro del espacio

hasta hallar sobre la tierra

unas amapolas que recojan

como labios, entre el trigo,

reinas, de los astros la belleza.

Cayó en mi alma esa certeza

como un puñado de semillas

que el viento suave  esparce

y hacia mi corazón las lleva,

una verdad sonora sin ausencia,

un amor eterno que silencia

las heridas de la vida, borrando

con su abrazo caliente la tristeza

iluminando tus besos

como si hogueras fueran

por completo la noche

oscura

de mi existencia.

 

              Ort

 

 

                                     Te quiero Elena,

                                     Mi eterna estrella,

                                     mi precioso astro,

                                     que tanto me iluminas…

 

 

Pd: Cuadro pintado por la gran María José Bonillo, que allá en las estrellas sigue imaginando astros.

Libre

libre

 

 

Escribirte me hace libre,

como un pájaro, libre,

como los ojos

soñando bajo los párpados.

Libre, como la lluvia

que cae a cántaros

desde el cielo, tan rubia

al atravesarla la luz

de los relámpagos.

 

Libre

como un caracol que duerme,

bajo la sombra de los álamos

y sueña alzarse sobre el viento

y volar sobre el aliento

de la luz que cae del firmamento

como rocío sobre los páramos.

Libre como un pájaro,

así es como me siento.

 

Pues son tus besos las tormentas

que anegan de poesía los desiertos

de los versos de las noches frías

de mi corazón sediento.

 

Ort

Una Sinfonía entre las olas

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               Misteriosa vida

               que se hace la dormida

               mientras enamorada derriba,

               sin que la escuches,

               las ruinas con los soles

               y con los besos las heridas.

 

               Anda prendiendo fuego a las cenizas

               en esta lumbre de deseos que arde

               con sus calientes lenguas amarillas,

               cuando de la noche retorna a la tarde

               y de la tarde a la mañana recién nacida

 

               Cuando el sol que vuelve

               de nuevo a salir por el Este

               ya devora a la luna que eclipsa

               una profunda felicidad que brilla

               ahora sobre nuestros ojos

               más allá de todas las dudas

               y con los sueños reales del amor

               anegando el océano de vida,

               de corales que en coros cantan

               entonando la canción más linda

               para que las olas en sus crestas

               la lleven como una flor sonora

               hacia todas las playas del mundo

               para dibujar en sus doradas estolas

               de millones de granos de arena fina

               las marcas astrales de tus labios

               llegando en una alegre comitiva

               espumosa que hace curvarse las orillas

               reescribiendo una y otra vez las sílabas

               de ésta sinfonía que empieza

               con el roce de tu alma sobre la mía.

 

 

                              Ort

 

 Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche,

nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti.

Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,

nunca sabré en qué viento llegó este querer…

Tu Sonrisa

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      Preludio:

El aliento inalcanzable de unos ojos al mirarlos, el callado agotamiento de la luz en tu cuerpo, el silencio de mi lengua que sueña con la tuya, el abismo de mis manos que tocan sabanas vacías, la enorme tristeza de una puerta cerrada, el aire entre tú y yo. El tiempo… el tiempo.

Y así empezó todo… Dando comienzo y arrojándose a la cegadora luz este impensable amor, que como una llama absolutamente viva, ha acabado apagando con sonrisas los aguaceros de los llantos y retumba ahora en todos los lugares del alma donde renacen ¡Reviven! por enteras todas las horas perdidas… Mi Reina de Troya… Gracias, de por vida.

 

 

 

Errante llegué

hacia el medio del páramo

donde desiertos y ajados cántaros

entre voces de ecos y de millas

como vientos aletargados

arañaban el color de mis mejillas

vaciando las líneas profundas

de las palmas de mis manos.

 

Errante llegué

bajo el mar de un cielo nublado

a las triste y eterna colina;

morada de solitarios gatos

que deambulando detrás de mis zapatos

hacia ninguna parte corrían.

 

Errante llegué

cuando una a una se rompían

las plumas pardas de mis alas

y en negras candelas apagadas

las escalas de mis sueños se volvían.

Cuando la tormenta, con pieles moradas

amenazaba anegar con elegías

todo el valle que fue mi vida un día.

 

Errante llegué a la cumbre

desde el pueblo ciego de las sombras,

esperando rayos y truenos

que doblaran en las alturas a agonía,

cuando me encontré empapado

por el aguacero de unas mariposas

que hacia las nubes al verme partían;

alzándose hermosas se desnudaban

se desprendían del gris lamento

y con el rojo puro de las rosas se vestían.

 

Hacia el punto más negro

se orientaban, parecía

que fueran a morir alto,

muy alto, pero pude ver

y de hecho vi

como las nubes abrían

en torbellino preciso

dibujando una sonrisa.

 

Y entonces entró la luz

y estalló la tarde y la vida.

El sol con sus dos manos

y su lengua sumergida

apartó las tinieblas

y gritó tu nombre

y del yugo de la tierra

se alzó de repente la colina

como un pájaro ardiente sobre la brisa

y echó a volar hacia el cielo

con las mariposas  

como un navío de velas extendidas.

 

¡y la empujó de un soplo al firmamento!

y ya desde lejos nos mira

navegando sobre el espacio

hacia la galaxia de espuma

inmensa de tu piel,

sendero de los astros

donde tantos lunares brillan.

 

Errante llegué

sucio, vestido con harapos.

Desnudo, limpio vuelvo,

hacia el remolino libre

de los valles y los prados,

donde una margarita

imposible, de mirada amarilla,

me sostiene en sus brazos

y adorna mi camisa

y mis ojos mojados

empapados por tu sonrisa.

 

Que ya todas mis noches enciende!

que ya todos mis sueños ilumina,

apagando todos mis llantos…

 

Mientras camino feliz, con mis labios

besando tu piel; sendero brillante

donde se han dormido tantos astros…

 

 

Ort 20/16

I’m glad to give
My love to you
I know you feel
The way I do

Anything you want, you got it
Anything you need, you got it
Anything at all
You got it…

                               Roy Orbison

 

 

Otoño

 

 

Otoño de iris marrones

que aprietan las blancas nieves

del invierno de unos ojos.

Ríos casi secos de la tierra

por donde bajan barcos rotos

de hojas caídas y labios rojos

que sueñan patrias verdes

donde los arboles perennes

vistan de color sus troncos.

 

Otoño frágil en los campos

donde las flores enamoradas

con sus vestidos preciosos

buscan desnudarse alegres

en los jardines de los rostros

para deshojarse y arder

en la lumbre apasionada

del sueño de los besos silenciosos.

 

Otoño que el grano recolecta

como un jornalero laborioso

y los cuerpos proyecta

hacia un cielo nebuloso.

Otoño blanco y hermoso

que los pájaros entonan

a coro en vuelo misterioso

 

Otoño lindo de olores,

de sabores deliciosos,

de sabanas deshechas

y de días lluviosos

de almohadas sedientas

aladas! despiertas!

bajo cabellos espumosos.

 

                                     Ort

 

      “El otoño es una segunda primavera, donde cada hoja es una flor.”

                                                                                             Camus