La Isla

 

 isla

 

 

 

Y yo

que soy feliz

viendo tu sonrisa,

y me pierdo en ella

todas las noches

de mi oscura vida…

la miro

y le resulta tan grande

a mi alma

como una isla

pequeña y diminuta,

desierta, en medio

del azul y basto mar

donde yo, y solo yo

baila al son del fuego

bajo las estrellas

 

emborrachado de deseo

ebrio de amor.

 

No necesita

más mi corazón,

 

sobre el cielo

como una galaxia

tu sonrisa,

y con ella yo,

no hay mejor candela

ni mayor honor

que ser de mi isla

el emperador…

que ser de tu sonrisa

el Cronista,

y de la luz que esplende

el narrador…

 

 

                         Ort.

 

 

 

                         Y gente soñando, gente despertando 
                         Hay gente que nace, gente que muere 
                         Hay gente que odia y gente que quiere 
                         En este mundo hay mucha gente 
                         Pero, pero, pero… 
                         No hay nadie como tu… 
                         No hay nadie como tu mi amor..
                                                                                   Calle 13

 

 

Los cinco galgos fugitivos

galgo tarde

A dos personas muy importantes para mí, por un lado a María José Carretero Perona,  porque en esta lucha se deja el corazón,  arrastrando con el suyo el nuestro y poblándolo de los ecos de la sinrazón de la humanidad ante los animales, y como no, a Sergio Fernández y su fiel hermano, su perro… no llores anda jajaja

 

En su mirada cabe un mundo

vestido a cada latido del corazón

de infinita clemencia y compasión

y mirando fijamente al carcelero,

no puede evitar terror, en su mirada

no, no puede evitarlo y se deshace

esperando un triste final en su prisión.

 

Callejero, vagabundo de ciudad,

su hermano pasa frio, cojea y aúlla

en la noche del tiempo de los lobos,

que un día fueron hermanos,

y que ahora hombres son. Parca negra

de negro, negro corazón.

Y anda, de barrio en barrio apaleado,

viendo como huye avergonzada

la condición de amigos que un día

por siempre se juraron, pasto ya,

de la insensible lengua de los palos,

que insaciables a su costado van,

destrozando el cuerpo de un soñador.

 

Otro hermano suyo lo recuerdan,

pequeñito y llorando, precioso y lindo

entre el cobijo seguro, recién nacido,

de su madre. Ellos recuerdan que lloraban

de alegría, saltaban corrían gemían,

al ver a su pequeño hermano cantar

la gran canción humilde de la vida,

que es la del amor, nata

de la luna en el cielo altiva…

 

Y también no borrarán jamás

del tiempo ni de su alma dura,

erguida a pedradas y ya por siempre

furtiva, el cartuchazo de un asesino

donde guardaba el cariño la madre

para sus hijos, y como su hermanito

recién nacido, indefenso, al lado

del cuerpo inerte de su madre

sin abandonarla, de hambre

poco a poco, llorando se moría,

pidiendo que lo acurrucara, de nuevo

como arrulla el viento la ternura

sobre los árboles y las flores,

sobre el resplandor del sol…

 

El mayor de los cinco hermanos

triste y peor suerte corrió, y odio,

odio y venganza encierran los versos

del autor, del poeta, hacia estos hombres,

pues solo pinta las barbaridades

que puede hacer la humanidad, aberraciones

que hieren la sensibilidad y la razón…

 

El mayor de los cinco, de una soga

en un árbol quedado colgó…

Con la muerte y la profunda tristeza

se bamboleaba, al viento del crepúsculo

que entrega vergüenza al hombre,

y nada más, y nada más…

 

Por hacerse viejo lo mataron,

al más fiel amigo del hombre

lo colgaron, ¡Lo colgaron!

Arrastraron la soga por la rama

y con sangre fría, una vida,

de una cuerda ahogaron.

¡Venganza! ¡Vergüenza!

en su último aliento

el galgo iba pensando, musitando…

 

¿Es que solo ven mis ojos dolor?

-se fueron cerrando-

yo te amaba, ¡La vida daría por ti!

-Sus ojos se fueron apagando-

Y la muerte me entregas compañero…

la muerte de la mano que besara

sonriendo traicionera…

 

Su aliento se fue marchitando,

y en la eternidad de la noche oscura

se quedó parado su corazón.

Llorando, llorando y llorando…

mientras este infame mundo

lleno de asesinos iba dejando.

 

 

Y el quinto,

el quinto galgo, caminando va,

va caminando,

esperando encontrar camino,

y por la senda va, esperando,

un alma que lo acoja con libertad,

pues como decía aquel poeta,

ojalá encuentre camino, para seguir

caminando, caminando… y soñando.

El quinto galgo va andando,

escuchando su luz decir,

que alguien lo espera,

que alguien lo esperará recitando

por placer, el puro nombre

que guarda el abecedario,

y que no es otro que una A

grande por donde empieza

el nombre sagrado de la Amistad.

Y en un albergue él espera,

y será recogido

para ser amado, para seguir

caminando, caminando…

 

En su corazón quedarán

sus cuatro hermanos…

hijos del amor,  pero desheredados

por el corazón ingrato tantos hombres.

En su mirada el galgo los lleva,

lleva en el alma sus gritos tatuados,

pero también porta sus agradecimientos

hacia aquella persona

que lo ha acogido, al último Galgo,

y lo ha liberado del yugo

de la vil violencia de los hombres.

 

Y miran ahora, desde la eternidad

al último de ellos sus hermanos,

infinitamente agradecidos, pues por él,

sus corazones han sido devueltos al amor

 

y agasajados con los honores merecidos,

de un compañero

¡De un hermano para el hombre!

¡De un hermano!

 

Y torna su grito de desesperanza en canto…

El galgo, ese último galgo… Hijo del amor,

que vio reflejado en sus ojos,

en su carne y en su sangre tanto espanto…

 

tanto espanto…

 

Esperanza aúllan ahora!

Esperanza sin una gota de llanto!!!

Ort

La soledad y la luna

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                                                 Sobre Marte

                                                 y con el cielo

                                                 congelado…

                                                 ¡Pero que frío

                                                 el de la luna

                                                 tiritando

                                                 ante el universo…      

                                                                            

              

                                                                            Ort.

El entierro de La Libertad

estatua_encapuchada_cementerio

 

 

Redoblando triste,

camino del entierro va el tambor.

Marcando casi a golpes

el paso de una larga comitiva.

Detrás de él, en blanco luto va el amor,

envueltos todos en ojos que les miran.

Llevan a La Libertad al cementerio,

pues ha muerto desdichada en vida,

¡Y ellos lo saben! Porque ellos la mataron…

Y cuando a su lado pasa, ni respiran…

 

Envuelven las vergüenzas

en las pupilas… y ni respiran.

la han matado con el silencio

los que nacieron de su valentía.

 

¡Campo maldito!

¡Donde la lleváis a enterrar!

Cuando atraviesa la puerta,

los cipreses

no quieren verla pasar!

el cielo de súbito se oscurece

mientras el hombre calla

y suspira…

y rompe a llorar!

 

La llevan a enterrar

rodeada de flores.

Lloran musas asesinadas

ángeles obreros

de martillos y hoces

enhebradas con rosas

de miles y miles de colores

tantos como sueños rotos

de quebrados resplandores…

 

Y en el momento de tapiar

la esperanza para siempre,

el sol irrumpe prendiendo las nubes!

Y las quietas estatuas agrietadas

de las sepulturas de los hombres,

coronadas por el musgo del tiempo

blanden pesadas sus tercas espadas

Y al tañido de un brillante relámpago

con furia se levantan!

¡Como tres mil grises muertes encapuchadas!

Y abriendo sus vacíos ojos verdes!

Verdes por el moho de las eras pasadas,

A la larga comitiva expulsan

aterrada,

Echándola de una tierra

que es sagrada!

 

Lo que como un regalo de ojos increíbles vino,

Les es devuelto a los muertos como un racimo

Podrido de vergüenza, tristeza y olvido…

Vergüenza!

Vergüenza de los vivos!,

y tristeza, tristeza

por los que aún no han nacido…

 

y como no,

la más cruel y rastrera puñalada

que es la del olvido…

 

Y el espectral cortejo de  estatuas

desencadenadas de los panteones

carga con la libertad acuestas.

Entre redobles de tambores,

va ella, tornada de flores marchitas

y de lágrimas cubierta…

Mientras

un puñado de chiquillos,

escondidos tras una oxidada verja

ven pasar a la muerta

agasajada de luz, tan bella…

que tras la vieja puerta, cautivados,

con ojos abiertos y enamorados

la soñarán el resto de sus días!

soñarán con verla despierta!

 

a Ella,

que aunque ahora

encadenada duerma,

bien saben los traidores

que es derecho y herencia

que es como el amor…

Eterna.

 

 

                              Ort

«I got a hammer
And I got a bell
I got a song to sing
All over this land
It’s the hammer of justice
It’s the bell of freedom
It’s the song about love between
My brothers and my sisters
All over this land…»

                                                                                                                                                        Pete Seeger,  Lee Hays                                 

APEADEROS DEL OLVIDO

apeadero_1

 

«¡Qué profunda sepultura, el olvido!…»

Manuel José Othón

 

 

 

Railes de regaliz carmesí

bajo el cielo sangrante y triste

de una tarde moribunda.

 

Nubes  como telones oscuros

invocan a golpes de relámpagos

la súbita caída de la lluvia.

 

Reclama imponente la tormenta

allá en la lejanía mi alma y ojos,

mi llanto mi hastío mis despojos,

mientras de un estallido, revienta

en un lugar solitario del corazón

un manojo viejo de sueños rotos

 

Fantasmas! Fantasmas! Fantasmas

como apeaderos silenciosos!

 

Como apeaderos silenciosos…

Casi derrumbados, casi olvidados

mientras pasa el tren como la vida

llenando de suspiros todos los rostros

de las florecillas humildes y amarillas

que coronan la soledad de los rastrojos

 

Espectros! Espectros! Espectros

que miran por una cerradura al tiempo

mientras se derrumban silenciosos!

silenciosos…

 

silenciosos.

 

 

                                               Ort