Libre

libre

 

 

Escribirte me hace libre,

como un pájaro, libre,

como los ojos

soñando bajo los párpados.

Libre, como la lluvia

que cae a cántaros

desde el cielo, tan rubia

al atravesarla la luz

de los relámpagos.

 

Libre

como un caracol que duerme,

bajo la sombra de los álamos

y sueña alzarse sobre el viento

y volar sobre el aliento

de la luz que cae del firmamento

como rocío sobre los páramos.

Libre como un pájaro,

así es como me siento.

 

Pues son tus besos las tormentas

que anegan de poesía los desiertos

de los versos de las noches frías

de mi corazón sediento.

 

Ort

Una Sinfonía entre las olas

s2hqed

 

               Misteriosa vida

               que se hace la dormida

               mientras enamorada derriba,

               sin que la escuches,

               las ruinas con los soles

               y con los besos las heridas.

 

               Anda prendiendo fuego a las cenizas

               en esta lumbre de deseos que arde

               con sus calientes lenguas amarillas,

               cuando de la noche retorna a la tarde

               y de la tarde a la mañana recién nacida

 

               Cuando el sol que vuelve

               de nuevo a salir por el Este

               ya devora a la luna que eclipsa

               una profunda felicidad que brilla

               ahora sobre nuestros ojos

               más allá de todas las dudas

               y con los sueños reales del amor

               anegando el océano de vida,

               de corales que en coros cantan

               entonando la canción más linda

               para que las olas en sus crestas

               la lleven como una flor sonora

               hacia todas las playas del mundo

               para dibujar en sus doradas estolas

               de millones de granos de arena fina

               las marcas astrales de tus labios

               llegando en una alegre comitiva

               espumosa que hace curvarse las orillas

               reescribiendo una y otra vez las sílabas

               de ésta sinfonía que empieza

               con el roce de tu alma sobre la mía.

 

 

                              Ort

 

 Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche,

nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti.

Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,

nunca sabré en qué viento llegó este querer…

Tu Sonrisa

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      Preludio:

El aliento inalcanzable de unos ojos al mirarlos, el callado agotamiento de la luz en tu cuerpo, el silencio de mi lengua que sueña con la tuya, el abismo de mis manos que tocan sabanas vacías, la enorme tristeza de una puerta cerrada, el aire entre tú y yo. El tiempo… el tiempo.

Y así empezó todo… Dando comienzo y arrojándose a la cegadora luz este impensable amor, que como una llama absolutamente viva, ha acabado apagando con sonrisas los aguaceros de los llantos y retumba ahora en todos los lugares del alma donde renacen ¡Reviven! por enteras todas las horas perdidas… Mi Reina de Troya… Gracias, de por vida.

 

 

 

Errante llegué

hacia el medio del páramo

donde desiertos y ajados cántaros

entre voces de ecos y de millas

como vientos aletargados

arañaban el color de mis mejillas

vaciando las líneas profundas

de las palmas de mis manos.

 

Errante llegué

bajo el mar de un cielo nublado

a las triste y eterna colina;

morada de solitarios gatos

que deambulando detrás de mis zapatos

hacia ninguna parte corrían.

 

Errante llegué

cuando una a una se rompían

las plumas pardas de mis alas

y en negras candelas apagadas

las escalas de mis sueños se volvían.

Cuando la tormenta, con pieles moradas

amenazaba anegar con elegías

todo el valle que fue mi vida un día.

 

Errante llegué a la cumbre

desde el pueblo ciego de las sombras,

esperando rayos y truenos

que doblaran en las alturas a agonía,

cuando me encontré empapado

por el aguacero de unas mariposas

que hacia las nubes al verme partían;

alzándose hermosas se desnudaban

se desprendían del gris lamento

y con el rojo puro de las rosas se vestían.

 

Hacia el punto más negro

se orientaban, parecía

que fueran a morir alto,

muy alto, pero pude ver

y de hecho vi

como las nubes abrían

en torbellino preciso

dibujando una sonrisa.

 

Y entonces entró la luz

y estalló la tarde y la vida.

El sol con sus dos manos

y su lengua sumergida

apartó las tinieblas

y gritó tu nombre

y del yugo de la tierra

se alzó de repente la colina

como un pájaro ardiente sobre la brisa

y echó a volar hacia el cielo

con las mariposas  

como un navío de velas extendidas.

 

¡y la empujó de un soplo al firmamento!

y ya desde lejos nos mira

navegando sobre el espacio

hacia la galaxia de espuma

inmensa de tu piel,

sendero de los astros

donde tantos lunares brillan.

 

Errante llegué

sucio, vestido con harapos.

Desnudo, limpio vuelvo,

hacia el remolino libre

de los valles y los prados,

donde una margarita

imposible, de mirada amarilla,

me sostiene en sus brazos

y adorna mi camisa

y mis ojos mojados

empapados por tu sonrisa.

 

Que ya todas mis noches enciende!

que ya todos mis sueños ilumina,

apagando todos mis llantos…

 

Mientras camino feliz, con mis labios

besando tu piel; sendero brillante

donde se han dormido tantos astros…

 

 

Ort 20/16

I’m glad to give
My love to you
I know you feel
The way I do

Anything you want, you got it
Anything you need, you got it
Anything at all
You got it…

                               Roy Orbison

 

 

Otoño

 

 

Otoño de iris marrones

que aprietan las blancas nieves

del invierno de unos ojos.

Ríos casi secos de la tierra

por donde bajan barcos rotos

de hojas caídas y labios rojos

que sueñan patrias verdes

donde los arboles perennes

vistan de color sus troncos.

 

Otoño frágil en los campos

donde las flores enamoradas

con sus vestidos preciosos

buscan desnudarse alegres

en los jardines de los rostros

para deshojarse y arder

en la lumbre apasionada

del sueño de los besos silenciosos.

 

Otoño que el grano recolecta

como un jornalero laborioso

y los cuerpos proyecta

hacia un cielo nebuloso.

Otoño blanco y hermoso

que los pájaros entonan

a coro en vuelo misterioso

 

Otoño lindo de olores,

de sabores deliciosos,

de sabanas deshechas

y de días lluviosos

de almohadas sedientas

aladas! despiertas!

bajo cabellos espumosos.

 

                                     Ort

 

      “El otoño es una segunda primavera, donde cada hoja es una flor.”

                                                                                             Camus

 

Hasta el Infierno

 

 

Y ahora que resurjo

de esta ardiente selva

que se pierde en los abismos

devorados por las llamas

de los pájaros caídos.

 

Ahora que he abierto los ojos,

al igual que las calaveras

cuando pierden su venda de carne

y miran realmente

a la eternidad que es el presente,

cuando el pasado y el futuro

se pierden en la mentira profunda

de los sueños que no saben ver el hoy,

el aquí, y el ahora.

 

Ahora, voy hacia abajo,

hacia debajo de los lodos

donde crecen los edificios del deseo,

hacia arriba donde se derrumban

los castillos de sangre de la fe

la esperanza y la ilusión.

Mucho más arriba

de donde se desgarran las estrellas,

que explotan en el universo

al igual que los dientes de león

al viento que fluye sobre la tierra.

 

Necesito ir tan arriba

para dejar atrás la cólera de la mentira

y la rabia de los sueños,

que al igual que un halcón helado

allá donde se congelan las nubes

y que cae cristalizado

por amor hipnótico a la luna,

derribar mi vuelo y caer en picado

con la desesperación y la certeza

de que no me acogerán las nubes blandas

al descender sino la tierra arenisca

de las lombrices al estrellarme

contra el reino de las madrigueras

y la sangre fría de los cazadores.

 

Hay que conocer el cielo

para descender hacia los infiernos,

sentir la fuerza del firmamento

para comprender la ferocidad

de los abismos calientes de la tierra;

donde la lava de un abisal volcán

se hincha de sentimientos,

en una caldera de ecos y fracasos

hasta que imposible de sostener

más su peso, la lengua del alma

revienta en fuego de sangre y lágrimas,

esparciéndose en los campos verdes

de un mundo donde antes florecían

enormes margaritas y gigantes mariposas.

 

Hay que construir una ciudad

profundamente hermosa

para sentir como se convierte

en una ceniza pétrea

pompeyana, quieta, dolorosa,

desmoronándose ante el tiempo,

que, como un reloj de penas,

resta los minutos de la vida.

Que lo demás es muerte y silencio,

ecos en los acantilados

y manos que nunca se tocan.

 

Hay que construir un amor

que se parezca al cielo

para sentirlo arder en el infierno,

como una hoguera, que pequeña,

acaba desbocándose

hasta hacer arder a todo el bosque

y en ese incendio, ver

como se consumen los gorriones

hambrientos, las águilas acechantes,

los lobos esclavos, los ciervos

con sus astas prendidas como antorchas

despavoridas huyendo ante el cielo rojizo

en que se ha convertido el infierno de la noche,

y donde las llamas llegan a calentar

hasta la punta del filo de los astros,

ese infierno, ese incendio, que,

como un corazón comienza a susurrar

despacio,

y acaba latiendo acelerado hasta quebrarse,

anunciando al cuerpo la muerte

con el ultimo

redoble

de vida. 

 

Es en ese infierno,

en ese incendio,

en esa pena abrasadora

donde la verdad con el amor

y su mentira, y la soledad

con su liberación y su sonrisa

satírica, altiva,

se abren como un eclipse

ante la vida en forma de honda herida

oscura que emana sombras en los lechos

descuidados y en las sabanas vacías.

 

Es el cielo a veces un descenso

a los infiernos de la esperanza

donde se acaba destruyendo

la quimera irreal del futuro

y el ensueño ausente del pasado,

donde la existencia te demuestra

que el presente es lo único

que tenemos, que agarran nuestras manos,

lo demás siempre será un espejismo

un oasis bastardo

pues el incendio de la vida se va apagando

con la lluvia de la muerte

que todo lo va anegando

hasta formar un negro y basto lago

lleno de fantasmas sin memoria

que se pasan toda la eternidad vagando.

 

y aunque yo

sea un halcón enamorado,

y desde este infierno salga volando

de nuevo alto, muy alto

en osado aleteo hacia la luna,

para caer de nuevo congelado

 

tal vez ella,

tal vez,

me acoja en sus labios rosados

y busque para mí

en una bandada

de peregrinos pájaros liberados

unas alas que limpien

la ceniza de mis llantos.

 

Única flor viva, verde,

que el destino ardiente,

calcinar no ha logrado.

 

 

                                 Ort