A un grito de distancia


 

 

 

War, children, it’s just a shot away

It’s just a shot away

Gimme Shelter/ Rolling Stones

 

 

 

A un grito está,

a un llanto casi apagado de distancia,

de niño desmenuzado

en las dunas de la tierra yerma,

con su terrible barriguita hambrienta

y como el alma de los hombres

espantosa y sin piedad, desierta;

viene con su pavoroso alarido

la serpiente larga de la guerra.

 

A un disparo de distancia está

la atroz y sanguinaria reyerta

por el agua los campos , la tierra.

Y todo lo que en nombre

de la libertad encierran,

en la noche sin luna

lo entierran.

 

Es pecado matar a la madre

y envenenar al hombre

y a los ríos y resarcir las bestias

entregando la sangre inocente

al desarrollo de la maquinaria

del oro, ¡despiadada, violenta!

 

Mientras,

Oceánicos terratenientes,

se divierten contemplando

que sobre su mano bailando,

un mundo corre, otro sirve

y otro muere en soledad llorando

sobre la mano grande

del banquero del cacique

y el millonario, desierta,

desierta de pueblos, de hombres,

de culturas de mares, de selvas,

de libertad y de tristeza, de paz,

de verdad, de infinitas veredas

que den al pueblo por que vivir

por qué morir, por que luchar, mientras

late su corazón entre las tinieblas

 

Y en su mano fría,

desterradas sombras vigilan,

a las gentes a palos molidas

cerrando la trampa de ratones,

y llevándose la luz, de esta ciudad

sumergida, de negro humo

y sucias alcantarillas

 

¡Donde quedaron las nubes!

a donde se fueron los cielos

donde esta la luna, en que cárcel

cumple condena el corazón…

quienes son los monstruos

que sueñan la razón para esconderla,

y robársela al amor…

 

 

Ort.

Los océanos del amor

 

 

 

 

 

Una muchacha espera

En un puerto ,

Y al caer la media noche

Con el reflejo de las estrellas

Tiritando entre las sombras

turbadas del firmamento y la mar,

Llega por fin un velero apaleado

Con las velas deslumbradas por la luna

Y agujereadas de tanto errar.

Remendadas en medio del océano

Pues sobre tormentas

Jamás dejó de navegar

Contra vientos se batió!

Contra olas grandes y furiosas!

le procuraron llanto las diosas

y su destino le hicieron variar…

 

Tristes fueron las noches, los días

Que se amontonaron desiertos

Sedientos en medio del mar

Y que su cuaderno viejo lloraba

Apuñalado por la soledad,

Desembarcó en tantos puertos,

Hizo tantos retales de su alma

Para y por bandera

En la proa de su corazón, su amor llevar,

Que se fue apagando su blanca vela

Y de marfil, pasaron a negra candela

Sus alas, clamando por morir o despertar…

 

Envuelto de aquellas sombras marineras

recordaba el canto de las mentirosas sirenas

que le brindaron felicidad fugaz.

Pues tan solo prometían y prometían

y ante la reina de la noche no se atrevían,

ante ella, por el humilde amor jurar…

Así el marinero fue de puerto en puerto,

de taberna en taberna, de mar en mar,

entre desprecios

envueltos de sombras que se abatían en su soñar…

Vio tantos atardeceres cristalinos

Tantos fantasmas, de tantos sentimientos perdidos

Que no recordaban ya su hogar,

Que sintió una pena inmensa en el alma rota

Y quiso naufragar,

y fundirse con las heridas abiertas en el cielo

Que dejaban escapar el llanto de la lluvia al caer,

Y al ojo del huracán entre las nubes furiosas mirar,

y mirar, a este marinero yermo y perdido

Entre los remolinos del océano y turbulentos del azar.

 

Entre los avatares de la suerte

Fue el triste marinero a dar

Con una estrella diminuta, entre tantas,

Que desafiaba la oscuridad del cielo

Y sobre el, lo ungía de un azul sereno

Que cae a los ojos cuando huye la tormenta

Y resurgía con las poderosas olas en anhelo!

Y la esperanza empujaba al corazón sin miedo!

A buscar la patria del amor… Y el alma hambrienta

Se aferraba al albor de aquella estrella

Que le indicaría por el vasto e infinito mar,

Hasta que el sol ante sus ojos saliera.

 

Y aquella estrella, le llevó

ante una muchacha morena,

que en un puerto se deshacía

esperando sentada en la arena.

no era una sirena, ni una diosa

ni una musa siquiera

sino una muchacha

que en su corazón

guardaba un mundo para dar

y que llorando se lo daba

todas las noches a la luna llena

 

y una noche plagada de estrellas

retumbando en la playa el eco de las olas

y el dulce rumor de la mar serena

besó el velero abatido la tierra

y ella, al verlo, dejo de llorar,

se enjuagó la pena,

y al bajar el marinero

desató el velero de la playa ,

y este se fue, surcando el horizonte,

con la brillante estrella…

 

Y el marinero y ella se abrazaron.

Ya por siempre, Hasta que amaneciera.

Y la noche los hizo lucero, Para que amantes

Y marineros jamás ya se perdieran

 

Esperanza la llamaron,

a la estrella.

 

Y como largas y entrelazadas enredaderas

los amantes surcaron para siempre

El grandioso océano de la noche,

Una y otra vez, envueltos de un vasto jardín

Dorado, plagado de infinitas y brillantes velas.

 

 

 

Ort

La Playa, la morena y el mar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dejé astillas

en los corazones rotos

y a la luna

en el río de estrellas purpura

de la media noche,

siempre mirándola.

 

Dejé ahogado

en tu rumoroso sueño

la madrugada después,

y en la corona de arrecifes

donde duermen los naufragios,

me deshice contemplándola

con silencioso amor desterrado.

a ella,

abrazando sus pasos

dejándolos sobre mi volar

tocando con su dedos

mi piel suave, que ella,

a cada paso hacia temblar.

Pero como el alma de un clavel

que con el viento se pierde y se fuga

como la llama que se apaga

y la ola que borra con su espuma,

te has llevado la senda

que marcó sobre mí su corazón,

mi hogar… y está llorando la luna…

 

Compartí con ella

el latido de sus pasos,

la violeta luz de la aurora

sobre nuestros labios,

una y otra vez juntándose,

una y otra vez

soñando siempre a encontrarse.

 

Su aliento te has llevado.

Ella ya se fue,

y yo sigo aquí esperando,

jugando con la imaginación

a ver su mirada retornar

y sus pasos sobre mí volver…

 

Le dijo la playa al mar

cuando las olas robaban de la arena

los pasos de una muchacha morena

de la que se enamoró al besar…

 

 

Ort.

 

El Ejército de las Flores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sonoras rompen

en ellos

las olas del corazón

y las ansias de paz.

Como cientos de miles

de soldados de segundos

Esperan a ver despuntar

el carro de la aurora,

y su manto celeste y morado

sobre sus viejas armas

cansadas de esperar

 

A la guerra van

sus moradores

cruzando el mar

junto a los cañones

los caballos

y los tambores.

a enfrentarse van

el ejercito de vagabundos

exiliados y desertores.

Protegidos van

por el alto mando de las flores.

En una mejilla

la tiniebla azul de los cielos,

y sobre sus pies

las cadenas de los dioses.

 

Armada solo de voz

la patria de los desertores

mis queridos compañeros

en nuestro camino llevamos

la lengua de la noche soñadores!

 

Estos soldados

legionarios de la luz

la humilde amapola

y el clavel,

En la mano llevan

los ojos del señor

que son de hiel,

y en la otra mano

deshojada,

por el mundo van regando

la flor del laurel.

 

Andan al compás sereno

de una silenciosa luna

llena de luceros,

amantes diestros

y quietos cancerberos

asomados al firmamento.

 

Y los ojos

de los guerreros

unidos todos

en solo dos

como las dos velas blancas

de su velero,

miran a la noche de frente,

entregando el corazón al cielo.

 

Su aliento desnudo

entre las nubes de hielo

sueña conquistar

la luz para los hombres,

y para el mundo entero!

 

La libertad

de las hormigas,

y para el hormiguero.

 

A la guerra van

sus moradores

cruzando el mar

junto a los cañones,

caballos y tambores

A enfrentarse van

a luchar

para dar al pueblo,

lo que es del pueblo y despojar

a los señores de su oro

y al Cesar de su hogar,

ese de huesos y calaveras.

de su corona de sangre

ante la aurora de las llamas,

 

para que el sol pueda renacer

y la luna llena vuelva a brillar,

 

volviendo a servir a los hombres

de antorcha para soñar.

 

 

 

Ort.

Quien quiera entender que entienda

 

 

 

 

 

A pepe, por su inestimable don de querer saber, de querer encontrar, de querer soñar la verdadera certeza que se nos descubre ante nuestros ojos, y no querer ser, al igual que yo; cordero de un pastor sanguinario y mentiroso…

Ort.

——–

 

Pero el Señor dijo:

«ve hacia el diablo».

El Señor dijo:

«ve hacia el diablo».

Dijo que fuera hacia el diablo.

En ése día.

Nina Simone Sinnerman

 

 

Que se cierne sobre España

que se cubre sobre España,

la cruz, sobre esa hoguera

que se tuerce, pecadores,

que se tuerce.

la mano derecha del señor

se tuerce,

se nos viene el garrote al cuello

y la izquierda,

el sueño de Marx

de Víctor y el Che revientan

Estallan con la humanidad.

Se pierden, en esa nube

nos lo niegan,

nos lo destierran!

La cobarde religión

de los hombres, bien firme

y derecha

que no sabe de la humildad.

 

 

Vi enterrarse cañones,

a veces,

a veces vi susurrar la mar

yo sentí cantos,

de libertad

porque sé

de su turbio cielo

y de sus perros

los hombres

envenados,

ciegos sin corazón

miren, yo me voy

con mi pecador caminar

a oler la mas profunda

esencia de las libélulas

y las mariposas fugitivas

que huyeron de su paraíso,

augusto destierro el nuestro…

¿verdad?

 

 

Claman apestan mienten

las mentes

que se inventaron un sueño

mirando a las estrellas…

 

Las que se inventaron un sueño

mirando a las estrellas…

Gracias a dios

no tengo más padre

que el que el sol me dio,

y la lluvia

y el viento

y esta tierra maravillosa,

pues no existe más dios

que sus hojas enredadas,

viendo palidecer el sol,

¡El sol!

¡Mi sol!,

¡Gracias al infinito rodar del universo!

¡Que pequeño soy!

¡Que pequeños somos!

¡Que grandes se creen!

Mis dioses

son más grandes que el suyo

mi patria

más grande

que su misma vida,

al igual que la mía…

que sabrán ellos,

dime que sabrán ellos

de los pecadores,

¡tu!

¡el único pecador!

¡que reniegas de la vida

bebiendo

de las mismas cascadas

que nos negó tu señor!

Pero lo se,

se que tu señor nos condenó,

sí, nos desheredó,

o al menos,

pudo matar al hombre,

y lo mató,

pudo dividir al hombre,

y lo dividió

para no perdonarlo,

para quemarlo,

como se quemaron tantos libros

con su pequeña

o su inmensa parte de razón…

¡Como tantas vidas,

y tanta inocencia

que convirtió en cenizas tu señor…!

Y se lo que dirás,

lo sé.

Pero el único camino

que yo escogí

fue el de la humanidad,

y no el de los dioses,

que prometen

el cielo, ese falso despertar,

pues yo despierto cuando veo

al sol salir,

a la luna brillar,

y bebo igual de la luna

que de los placeres

de la vida

que en mi mano están.

Bebo del amor,

bebo del agua salada

y triste de mi siglo

sin esperanza

pero jamás diré

y obligaré soñar!

Jamás renegaré

de mi humanidad.

Su voz es su voz,

pero que sea solo la suya

pues a mi

como para una tortuga

varada entre los océanos,

no es patria una isla

sino la mar…

 

 

Ort