Compostela, después de medianoche

 

 

Compostela,

después de medianoche.

 

Aquí reina

el imperio de la lluvia

sobre las flores

 

diminutas como bocas verdes

atadas a lo alto de las torres

 

Aquí envuelve

la niebla caprichosa

la luz de los faroles

 

y se asoma

la luna desde su platea

universal a los relojes

 

en un juego de reflejos

en los charcos de las plazas

que vienen de un río de callejones.

 

Lluvia y piedra

negra de las canteras

de las montañas

 

por donde deambulan

los fantasmas de los robles.

 

Compostela,

al pasar

justo la media noche,

 

es él pájaro que gruñe

y la campana que suena,

la gente que duerme,

 

y el borracho que espera.

y el caminante fluye

hacia ninguna parte con la niebla.

 

escuchando el redoble

de la lluvia abatida

sobre el verde tenebroso de las piedras.

 

 

Ort.

Ventiún suspiros negros

 

 

 

Mozart está muerto,

a Lennon lo asesinaron,

Dvorak son las nubes

y Lwing Van

está en el dulce limbo

terrible, de los sordos

donde todos acabaremos,

sin que los respeten

los dedos de los pianistas

que también

se marchitarán

como los oídos

emborrachados

de las notas

de sus vidas.

 

Porque somos las viudas

blancas de las teclas

de los agujeros alargados

de veintiún suspiros negros

que nos hacen recordar

a todos los músicos muertos.

 

a todos los oídos sedientos

que se levantan cada mañana

en las lápidas donde la muerte

firmó su último encuentro

con los labios

de los tímpanos,

y los recuerdos.

 

 

 

Ort

 

Érase una vez…

 

Érase una vez

la literatura al revés,

un Quijote coronado

con reinos a sus pies,

un don Juan fracasado

huraño, viejo y descortés.

Enamorando a París, Erik,

el gran tenor francés

y con la calavera de Hamlet

Ofelia, a la sombra de un ciprés

 

Érase una vez

o las veces que se quiera ser…

Un principito triste

encarcelado por querer saber.

Héctor, victorioso en Troya,

Aquiles desterrado a pié,

Samsa con alas de paloma

volando bajo el cielo vienés

y Sherezade degollando al sultán

a las mil y dos noches, harta ya de él.

 

Frankenstein conversando

sobre ciencia en los cafés,

Alicia borracha y tatuada

por las calles de Manhattan,

y Grey en el infierno, como debe ser,

Como arde! Que delicia de imaginar

y casi ver…que gozo Sanchos del mundo!

Que placer!

 

Que humilde placer!

soñar a Cyrano enamorado!

y a Momo anciana

oliendo las flores eternas

de los labios y los besos!

en fin, devorar obras,

que son verdadera miel.

 

Podría seguir así

hasta el amanecer, si me dejan,

pero no sería menester.

Cojan un libro. Atrévanse,

para jugar, hay que leer,

y yo quiero volver,

a Macondo una vez más.

¡Volar con Dante!

¡Escuchar el aullido de los lobos

por el camino que lleva a los Cárpatos

o irme a navegar, con el viejo aquel,

en una barca, yo, el mar y él

 

y así endulzar la tragedia

que es siempre,

amigos míos,

la que es.

 

Quizás nos creó el universo

para imaginarlo y después

creamos nosotros la literatura

para soñarlo del revés

 

Quien sabe!

vayan ustedes a saber

lo que fue una vez…

 

 

 

A la más empedernida lectora que jamás conocí

y que tuve por infinita suerte, que fuera mi Madre.

 

OrT.

 

La Senda del Hombre

Hands and feet

 

 

A Pepe

 

 

 

Somos pinceles finos

sobre acuarelas

que sueñan que vuelan

 

Somos centinelas

del desierto, esfinges

que se tragaron las arenas

 

Somos esquelas arrojadas

como avisos, por el Tiempo,

sobre solitarias callejuelas

 

Somos el llanto del niño

y las marchitas manos

de la vieja abuela…

 

Somos los mares de la luna,

secos, solitarios y lejanos…

Tranquilos, a la una

 

en los relojes,

y doce minutos, desnuda

la campana suena en el silencio.

 

 

Somos la madre valiente

y el cobarde asesino

el vagabundo sonriente

 

y el triste mendigo.

La pesadilla de la tierra,

y el sueño del olvido.

 

Somos tantos vivos

jugando a morir o amar,

a besar como en el último suspiro…

 

besos desnudos que recuerdan

velas apagadas

sobre lechos encendidos.

 

Somos de la vida,  la espuma

de dos cuerpos en la noche,

alborotados, a la una

 

en los relojes, a la una

y doce minutos, desnuda

la pasión rompe el silencio.

 

cerrando el telón de la noche

abriendo el jardín de la pluma

 

en la madrugada, que es un bosque

Por donde vaga a veces la luna.

 

 

 

Ort. 2013

 

Al Vino

 

En el vino (está) la verdad.

Platón

 

Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo.

Pitágoras

 

 

 

Estoy de vuelta.

He llegado.

De las tierras donde el amo

es el silencio.

Y vengo

para quedarme.

He escuchado derramarse

un susurro solamente,  

pero me ha bastado

para abrir los ojos

y me he sentido bien.

Me ha sentado bien

abrir la boca y respirar

y dejar caer dentro de mí el mar.

Estoy de vuelta.

 

La noche es una fulana vieja

y la luna,

una gitana de papel de servilleta

que de la mano del humo

nublado de una taberna

quiere aprender a bailar,

chatos de vino cobra

y una barra de bar, por recital.

Primero lo saborea la lengua,

después el paladar…

Y al final de la noche

sobre algún amigo,

en algún lugar,

saltando de labios

y bocas sonrosadas

lo escuchará el amanecer cantar…

 

¡la vida son dos días,

o dos tragos, nada más!

¡Decirle adiós a esta noche,

y saludad!

¡Que hebria de alegrias…

se nos escapó por siempre ya!



Ort

 

El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.

Pablo Neruda