La Despedida

En el tren de la  ausencia me  voy…

 

 

Con sus lágrimas  aún en mi camisa

y ese último abrazo ya perdido

en la inmensidad del olvido.

Con las alas quebradas, escupiendo

sangre, aterradas ante la brisa

y el corazón antiguo pudriéndose

en un arcón, convirtiéndose en ceniza.

 

Allí  en un mundo parido de belleza

huida, seca por un sol sin alba

y una noche que me ha robado el día

subo a este tren fúnebre y blanco

que me lleva al entierro de un amor

que quise yo más que a mi propia vida.

 

Por el camino los árboles quemados,

muertos,  con sus ramas me acarician

y las flores que se abrirán me animan

y los pájaros llorando me consuelan

y sobre mi cabeza el universo,

que me mira, me dice callando

que coja de su pecho un lucero y beba

y me embriague con su luz para la despedida

 

Recordando ya por última vez

unos ojos, una sonrisa

que ya sobre el pasado

como una nebulosa

caída a la tierra mezquina

desde los abismos del cielo

a la nada se precipita.

 

 

Ort.

 

Somos nubes que el viento apartó

somos piedras que siempre chocaron

gotas de agua que el sol resecó

borracheras que no han terminado.

Luna de Muerte

 

 

Luna de muerte

luna de escarcha

navaja de luna

que del corazón arranca

la luz y la pluma

los ojos y la sangre

del pecho y la columna

que sostiene la flor

entre la espesura

de la negra hierba

y la noche oscura

 

oh flor que te derrumbas!

por ser azucena

secada por la amargura

y al suelo caes ¡tú!

tan linda y pura

¡Muerte! oh muerte!

asesinada flor de blancura

que caes de la mirada

en silencio hacia tu sepultura

 

Dime si la hierba

que te hiere y te acoge

será tan dura

que ahogará tus pétalos

pardos en la lluvia

de las rocas de la tierra

cama inhóspita

para tu destrozada dulzura.

 

Dímelo y muere de una vez

que tu caída sin fin

me abre de parte a parte

las entrañas del corazón

arrastrando mi ternura.

 

 

                Ort.

Memoria

 

 

 

Tierra manchega!

Corazón de caliza y barro

que por sangre llevas

el azafrán amargo

trenzado en primaveras

sobre tus cabellos largos.

 

Morena, morada, preciosa

como las flores de los cardos!

levántate! hincha tu orgullo!

el que por ser humilde

las Españas te quitaron.

 

Porque eres patria

de jornaleros libres

y de poetas sabios

que dejaron los laureles

en el panteón de los campos.

 

Tierra manchega!

reina de los llanos!

alza tus dos manos

honra tu nombre

y no dejes que borre

el olvido el recuerdo

de tus antepasados.

 

 

Ort

Mujer escribiendo en un Café

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A todas las poetas que llenan con su canto el mundo de las letras, a las que conozco, a las que no y sobre todas ellas, a la gran Safo de Lesbos, a la que la incomprensión y persecución posterior hizo proscrita y carne de hoguera, llegando la sinrazón a privarnos casi por completo de la inmensidad y belleza de su lírica.

 

 

 

 

                  … sinceramente quiero estar muerta;

                   ella me abandonó llena de lágrimas,

                                                     Safo

 

 

Estaba muy lejos de la tierra.

más allá, llamando a las puertas

del ateneo de los dioses literarios,

la onírica poeta de cristal

brindaba la noche y los astros

a las espadas sonámbulas del trigal

donde tenía su corazón atravesado.

En una pequeña cuartilla de papel

su tristeza, convertida en miel,

a trazos quebrantados iba dejando.

 

Su mirada era cristalina,

si la vierais,

era como poder sostener en una mano

toda el agua transparente del océano                                 

 

Era de día, pero ella,

con su mirada, rasgando

como una navaja el cielo azul claro

derretía la noche entre las líneas

de la galaxia de aquella hoja en blanco.

 

Bajó la vista,

qué más da si desamor

o si soledad fuera

lo que estaba lamentando,

por qué ella estaba llamando

con sus pupilas a la musa,

a la musa del reino de los llantos,

en esos ojos se veían las alas

abatidas de tantos pájaros…

 

Arrugó el papel

y marchó agitando el cabello largo

entonces yo me acerqué a la mesa,                          

no quise mirarlo,

y sin desplegarlo lo doblé,

salí del café caminando,

y aquellas palabras tan tristes

bajo una rosa, patria del abecedario

de los poetas las planté

por si las flores escucharan

y acaso sirviera de algo.

 

y allí la luz del sol

como un rojizo charco

quedó sobre la rosa

alimentando su ciego canto.

 

      Ort

 

            como la dulce manzana que se enrojece en la rama alta,

                                                                                alta en la más alta,

           y se olvidaron de ella los recolectores de manzanas;

          pero no se olvidaron de ella, sino que no pudieron alcanzarla.

                                                                                                           Safo.

Ruinas

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Bajo una arquitectura poética en ruinas

que el silencio conquistó con hiedras verdes

atadas a los nidos secos de las golondrinas,

 

un árbol de sombras, retorcidas las ramas mece,

en baile solitario junto al son de las espinas

de los cardos dorados de morada frente.

 

A las puertas, un jardín de olvido y una fuente,

donde descansan caídas las hojas que duermen

perdidas en una eterna tristeza de muerte.

 

Sobre ellas,  la figura de bronce inerte

de una musa, corona y señala

con el dedo índice el océano celeste

 

sus labios oscuros, en una suave pendiente

van de la sonrisa a la locura

cuando un rayo que acecha los prende

 

Sus ojos vacíos, sin vida, están ausentes,

y a sus cabellos apagados y esmeraldas

ascienden escalando las flores silvestres.

 

Una salamandra a su cuello se enreda,

por su espalda desnuda desaparece,

acaba de salir la luna llena

 

y es tal la luz que desprende,

que las ruinas aúllan, el viento crece,

el árbol danza y las hojas se mueven

 

haciendo sonar la vieja fuente,

susurrando melancólicas, ligeras,

en una fantasmal corriente.

 

Mientras mira ella, siempre

entre la maleza, hacia poniente

y la soledad la envuelve

 

con la niebla,

como una serpiente.

 

Ort