Paisajes y nostalgias

 

 

Al señor Juanito, pues si su bicicleta tuviera alas, saben hasta las estrellas y la luna que iria a visitarlas…

 

 

 

«Se nos sube a la cabeza
la espuma de una tristeza
crepuscular,
el óxido de los días,
las utopías con hielo,
el azul galimatías
del cielo según san Juan…»
Joquin Sabina

 

 

 

Mecánico de bicicletas

que andan removiendo

 el polvo blanco de la luna.

Apasionada voz, temblando

como la arena fina que salta

de la cresta de las dunas

 

Mensajero fiel y camarada,

de barcas y de golondrinas,

de ese amor que esparcen

por el mundo las aves peregrinas

 

Solitario ciprés,

enjaulado mirando al cielo

arañando al cielo!

rogando al cielo…

 

Llorando,

con el cielo.

 

 

 

Ort.

Amaneceres

 

«Eres linda y hechicera,
como el candor de una rosa…»

 

 

 

Viajó la noche como un trueno

fugaz, sobre la tiniebla aterciopelada

de un lecho de estrellas diminutas.

 

Con mi corazón corría y reia, morena

esmeralda, la noche de amores, de luz, días

y de flores. Mi alma la vio pasar, y cantándole

 

la saludaba desde la orilla de la bahía,

de una punta a otra del cielo,

mientras el negro la aurora corregía.

 

¡ Y estremecida y alegre mi alma sonreía!

contemplándola marchar cuando la cohorte

de los rayos del sol, como una fina lluvia

 

en las pupilas abiertas de mis ojos caía,

mientras cerraba yo mis párpados

y con la radio de los pajarillos, me dormía.

 

 

 

Ort

Soledades

 

 

Soledad,

silabas, palabras y cantares

melancólicos andares

todo son besos

todos errantes

corazones agitados

marchitados todos

heridos en las nubes

y en los mares

 

Soledad

como luna callada, dime,

tan fijamente atrapada

luna salpicada, dime,

descubre y mátame

dibújame como una paloma

abre la flor,

abre los pétalos ocultos

en el corazón de la almohada.

 

Soledad, siempre compañera

eres lo único que tengo,

soledad tan triste consejera

lo único que me queda…

tras mis ojos la luna llena.

¡Que fluya el mar sobre la poesía

de tus labios junto a la vereda!

 

Que emane mi sangre

de las palabras y las nubes

que fluyan las letras

de mi arrugada carne,

que la pluma sea ave

que el viento arrastre

mis huellas, mi lastre

que el telón arranque

y me dibujen desnudo

gritando ante la gente

piedad, por tanta herida

en mi corazón…

¡Piedad y soledad…!

Que toda mi sangre clame

aunque solo sea espiga y trigo.

junto a la mano áspera

del campo entre la senda,

oscura rosa entre mareas

de álamos cipreses y olivos

 

Que las olas desgarren

la cuna y la margarita

la amapola y la mañana

que raspen la madera

y escriban en la arena

mi nombre y el susurro

del mar que rompe

sobre la costa del olvido

tan eterna…

Haciendo plata lo que baña

espejo de los iris

iluminados de un azul

tan precioso y celeste

como el cielo,

de tantas diminutas y brillantes

soledades lleno…

 

como un fantasma,

sombra de una sombra

solitaria, ando y vengo

en mi silencio y mi destierro

y con los ojos cerrados

hacia un acantilado llego

donde al fondo la mar rompe

y gime entre tormentas

que sacuden mi llanto lento

solo quebrado por el eco

lento, lento del tiempo

convertido en fiero viento

que hace girar el espumoso mar

y derrumbar el pensamiento.

 

En la cresta de la ola va

rajando las aguas

la navaja de mi sufrimiento,

la soledad sobre la playa

las voces, la bruma, el pasado

y el silencio,

y el silencio.

 

Soledad,

silabas, palabras y cantares

melancólicos andares

todo son besos

todos errantes

corazones agitados

marchitados todos

heridos en las nubes

y en los mares.

 

 

Ort.

 

La Escoba

 

 

No nos hizo falta nacer en los 50.

Tan solo convivimos con su música. No.

No nos hicieron falta crestas, ni pelucas raídas,

ni pendientes largos, ni ver desvariar “Movidas”,

todas patrocinadas por don dinero y su fulana

la mentira. el eco de su rebeldía hoy fluye

entre trajes de Dolce & Gabbana.

Son ya restos de mentes embotadas

por las borracheras… ¡Viejas glorias engreídas!

Un tal Ramón, (y no es García) agricultor,

de mierdas de poyos y gallinas…

rey en realidad del asco, cobrador de cobardía…

 

No nos hizo falta ver volar a Carrero

para saber que media España respiró tranquila.

Ni bajar al primer guiri de un avión,

ni ver a Ibiza mentirse en su propio sueño

de paz y de alegría, mientras Franco,

apaleaba estudiantes, y reprimía

al minero asturiano y al trabajador con ira.

Somos todos hijos de padres que corrieron

detrás de grises, somos todos hermanos

de disidentes apaleados, somos todos

el último aliento del preso ajusticiado

al tensarse la soga del garrote vil

que a tantos españoles sesgó su vida

mientras eran por el silencio torturados…

 

Mi mente galopa al costado

de un guerrillero, de la España

que al monte se echó sin rendirse.

Mis ojos se los debo a un partisano

que con la fuerza de la libertad

le escupió en el orgullo a Hitler,

y mi tristeza es de un republicano

asesinado, ¡en nuestra mente aún vive!

 

No nos hizo falta ver al Rey coronarse

ni casarse, con una tal griega, altanera

de un club que quiere dominar el mundo.

Ea, una pieza mas en su habitación de trofeos

donde hay leones, elefantes y tigresas,

de esas nocturnas y lujuriosas, caras,

mas otras tantas y tantas presas…

 

No nos hacen falta fusiles sino escobas,

para barrer bien dentro de la casa

y destapar mitos, algunos tan altos como coronas.

No nos hace falta oro, sino muchas amapolas,

para hermanarlas con las pocas margaritas

que crecen en las aceras de las ciudades

 y desterrar unidos del corazón lo que nos sobra….

 

 

 

Ort

El Viajero Errante

Sueño del Viajero Errante

 

 

Sólo las personas que se atreven
a ir demasiado lejos logran descubrir
hasta dónde pueden llegar.

 

T. S. Eliot

 

 

Sobre los roídos y viejos raíles

el viajero y el tren en silencio se abrazan.

Sus sueños son tan infinitos, que traspasan

la esperanza por la que cabalgan,

y que estación tras estación,

como un velo de seda al viajero abrazan.

Al comenzar su destino

sobre las nubes sangrantes

y crepusculares del tiempo…

 

 

-I-

 

Sueño del viajero errante

sobre la luz crepuscular.

Cada parada, una luz, parpadeante,

hacia los luceros de la eternidad…

 

 

Primera estación; dolor…

 

Ah! el dolor…antiguo conocido,

tantas veces tus calles he recorrido…

¡Tantas noches en mi corazón,

tu mano fría y sobrecogedora he sentido!

Que por ti, mil veces he llorado y lloraré;

por el amor perdido…

 

¡Dolor, de mis dolores! cielo ajeno,

sin colores. Tú, carcelero de mis amores,

cabalga sobre la noche del tiempo,

luz de sueño, de velas, de flores…

 

Y que el tren, de nuevo, comience a volar.

Abrazado a las alas del sueño, ¡Que se eleve!

Rompiendo los destinos mientras imagina

sobre un cielo, que dibuja lagos de melancolía

 

 

Próxima estación; melancolía…

 

La melancolía son mil ilusiones encerradas en sobres lacrados

envueltas en llantos y dolores por el tiempo al alma arrebatados.

Por ti, melancolía, mis abriles siempre estarán marcados.

La mano sobre el corazón, la mirada sobre la eternidad…

Esa es la melancolía…El perder y el ocultar,

La rosa que no dejaron jamás crecer libertad.

 

Melancolía de mis melancolías

que agarras mis noches susurrando,

inunda súbitamente mis recuerdos,

desata ya, las tormentas, y los llantos.

 

 

Y el tren, de nuevo comienza a navegar,

desplegando sus ojos de metal empapados en rocío

que al propio viento más tarde envolverán,

para volar sobre las hoces ardientes del camino,

 

Al que alejándose de todo terreno conocido

al crepúsculo dorado de unos labios amarán…

Por caminos que no alcanzaría nunca el sol,

y que despertarán nostálgicas miradas

sobre los recuerdos marchitados del viajero…

 

 

Sueño del viajero errante

sobre la luz crepuscular.

Cada parada, una luz, parpadeante,

hacia los luceros de la eternidad

 

 

Próxima estación; tristeza…

 

Una rosa junto a un llanto y una lagrima desoladora,

una piedra, junto a una ventana que no escucha,

a los latidos de una soledad enloquecedora.

El mal más conocido, y menos entendido todavía.

Un mal que mata y la cordura poco a poco arrebata,

tristeza… ¡Que corta es la vida, y que larga tu agonía!

 

Tristeza de mis tristezas,

letargo de las frías madrugadas,

descúbreme el crepúsculo

de las veredas blancas y doradas.

 

Y el tren sigue soñando

sobre los atardeceres que niegan las palabras.

Que ciegan el alma y manchan de auroras los ojos.

Sobre las nubes, que rojizas, van y vienen,

Los pájaros como ángeles trazan caminos

sobre los cielos, sobre los horizontes rojos y tardíos,

reflejados como cristales en las pupilas del viajero.

 

 

Próxima parada; soledad

 

Un corazón, polvoriento en un cajón, allí mora,

sobre una eternidad que acaricia el desamor.

La soledad es un reloj marcando una hora,

Por la noche detenido, en algún triste camino.

Es un velero sin alas, desterrado y medio hundido,

perdido en un mar, entre la niebla y el destino.

 

Soledad de mis soledades,

en tu crepúsculo mis lagrimas crecen

se esconden, mientras en tu ventana

se derraman, se retuercen y se rompen.

 

Y el final del camino espera,

y los ojos de este tren sobre cielo se elevan.

Junto a este atardecer que rescata la esperanza

y los letargos que nacen, en la libertad del sol

que como un galeón surca el basto universo.

¡Ni las olas de la tristeza su camino detiene!

Ni a las hordas de soledad, su sueño teme…

 

 

Última parada; esperanza…

 

Una vela prendida de un sueño latente.

La esperanza,

es un corazón apuñalado y penitente.

Lagrimas que custodian la felicidad.

La esperanza,

arrebatará al viajero su oscuridad…

 

Esperanza de mis esperanzas

tráeme la luz, devuélvele las alas

¡Bruma en la niebla, eterna y ajada!

Al sol de mis mañanas desdibujadas…

 

 

Y un apeadero, entre el humo blanco

y cristalino, parecido a los manantiales de agua

de los lagos que se mecen en las nubes,

apareció sobre el verde lecho de la tierra.

Y nuestro cansado caminante se bajó.

 

Y el tren, del viajero se fue alejando.

Hacia donde los atardeceres rescataban las estrellas

mintiendo a la noche para de ella escapar.

Y que en el horizonte, revoloteaban como mariposas.

Como rosas carmesí, de amor soñolientas.

Como chispas de sueños, de amores sedientas…

 

Así acaba el Sueño del viajero errante

Sobre esta luz crepuscular.

Cada parada fue una luz parpadeante

Hacia los luceros de la eternidad…

 

 

Ort.