
Finísima
casi indistinguible
la hebra
suelta del sueño
de dos bocas
que se rizan
en un beso
y se esconden
tras los ecos
que maduran
en los rosales
Las lenguas atraviesan
unidas en una danza
los celestes cristales
de las pulidas estrellas
que labraron antiguos
arquitectos inmortales
y caen en manantiales
sobre las dos almas
apretadas y solemnes
cuando el hilo del sueño
va enlazando y labrando
rayos de luz distantes
Los besos enamorados
se han convertido ahora
en apasionados amantes
Y es enorme
retorcida, gigante,
la rosaleda
abrazada al sueño
de los labios
que se funden
en un beso
y se desnudan
bajo un bosque
donde florecen
los deseos
Millones
de rosas
ardientes
en sus bocas
prendiendo
a gélidos luceros
como antorchas.
dibujando senderos
inundados de luz
bajo las sombras.