Ya se dicen y se sienten.
en su gremio me entrometí,
y sin formar parte
del lujoso elenco de las letras
puedo decir que he visto y vi
la verdadera belleza
de aquellas palabras nuestras
que se ganaron la libertad
del abecedario.
Que huyendo del diccionario,
en la lengua
en la que hablan las estrellas
carmesí, lagrima a lagrima,
una
a una
las acogí,
las limpié, las vestí,
todas las que encontré.
Que con ellas huérfano lloré,
y llorando con ellas, crecí.
Ort
